El caso que estremeció a Nueva Zelanda: una condena que pone fin a años de incertidumbre
La justicia neozelandesa cerró este miércoles uno de los expedientes más dolorosos y mediáticos de la última década. El Tribunal Superior de Auckland impuso cadena perpetua a Hakyung Lee, una mujer de 45 años, por la muerte de sus dos hijos pequeños, cuyos restos fueron hallados en maletas que permanecieron guardadas durante años en un almacén abandonado.
La sentencia, dictada por el juez Geoffrey John Venning, establece que Lee deberá cumplir un mínimo de 17 años en prisión antes de ser elegible para libertad condicional. Durante la audiencia, la acusada permaneció en una sala separada, asistida por una intérprete, sin levantar la mirada ni pronunciar palabra alguna. Ese silencio ha acompañado prácticamente todo el proceso desde que fue detenida en Corea del Sur en 2022.
Un hallazgo que conmocionó al país
El caso tomó relevancia mundial cuando, ese mismo año, los cuerpos de los menores —Yuna Jo, de 8 años, y Minu Jo, de 6— fueron descubiertos por casualidad. El contenido del trastero donde estaban las maletas había sido subastado en línea tras meses de abandono, y fue entonces cuando se reveló la tragedia.
Las investigaciones determinaron que ambos niños habrían fallecido tras ingerir una fuerte dosis de somníferos. De acuerdo con la Fiscalía, la madre administró la sustancia, ocultó los cuerpos y poco después dejó Nueva Zelanda rumbo a Corea del Sur, donde permaneció varios años sin levantar sospechas. Para los fiscales, esa secuencia de acciones demostraba que Lee sabía exactamente lo que hacía y actuó con plena intención.
Una vida marcada por el deterioro emocional
La defensa, sin embargo, presentó una cara distinta de la historia. Dos abogados de apoyo argumentaron que la mujer atravesaba un severo trastorno mental desde la muerte de su esposo en 2017. Según documentos judiciales citados por medios locales, el deterioro emocional de Lee fue tan profundo que en varias ocasiones manifestó que, si su pareja fallecía, no veía otra salida más que quitarse la vida junto a sus hijos.
Esa línea argumentativa no logró convencer al tribunal, pero sí abrió debate sobre la relación entre salud mental, aislamiento migratorio y falta de acompañamiento social. Lee había llegado a Nueva Zelanda siendo joven, obtuvo la ciudadanía y formó una familia, pero tras la pérdida de su esposo, su estabilidad psicológica se desplomó.
Un desplazamiento silencioso entre países
Tras dejar Nueva Zelanda sin registrar oficialmente su salida, la mujer pasó por varias ciudades surcoreanas. Vivió en Seúl y en otras localidades antes de instalarse, a principios de 2022, en un apartamento en Ulsan, a unos 300 kilómetros de la capital. Ese rastro disperso complicó las primeras etapas de la investigación, que solo avanzó con firmeza luego del hallazgo de las maletas.
Un país que sigue buscando respuestas
La resolución judicial pone fin al proceso legal, pero deja abiertas muchas interrogantes sobre los vacíos de apoyo para familias migrantes, el tratamiento de trastornos mentales severos y el impacto emocional que arrastran estas tragedias en las comunidades.
En Nueva Zelanda, el caso generó indignación y reflexión desde el primer momento. Para muchas personas, el hallazgo de 2022 fue un golpe que expuso debilidades del sistema de bienestar social y la falta de seguimiento a personas en situación de vulnerabilidad. La sentencia, aunque contundente, no borra esa sensación.
Con la condena formalizada, el país intenta dar vuelta a una página dolorosa, pero la huella emocional del caso seguirá presente en el debate público durante mucho tiempo.


