En una plaza, en un parque concurrido o incluso en zonas turísticas muy visitadas, su presencia no pasa desapercibida. Algunas personas reaccionan con risas y sacan el celular para grabar; otras prefieren mirar de lejos o simplemente seguir su camino. Usan máscaras de animales, colas y se mueven con brazos y piernas como si caminaran en cuatro patas. Para ellos, no se trata de un espectáculo ni de una moda pasajera.
Son conocidos como therians y aseguran que su rasgo distintivo no es la ropa ni los movimientos, sino una forma particular de entenderse a sí mismos y de relacionarse con el mundo. Algunos dicen identificarse con perros, otros con lobos, zorros u otros animales, y afirman que esa conexión no es una decisión consciente, sino algo que sienten desde hace años.
Una de las prácticas más visibles dentro de esta comunidad es el quadrobics, una disciplina física que imita el desplazamiento de los animales usando las cuatro extremidades. Para quienes lo practican, no es solo ejercicio, sino una manera de expresar esa identidad interna. Hay quienes logran saltos y movimientos que requieren fuerza, equilibrio y entrenamiento constante.
Pero lo que más llama la atención no es solo lo físico. Algunos therians también reproducen sonidos asociados al animal con el que se identifican, como ladridos o gruñidos, algo que suele provocar reacciones encontradas entre quienes los observan.
Según relatan integrantes de la comunidad, muchos de ellos se conocieron primero en internet y luego comenzaron a reunirse en espacios públicos. En Argentina, por ejemplo, existe un grupo llamado “Xul Solar” que reúne a más de un centenar de personas, con edades que van desde la adolescencia hasta adultos jóvenes. Aseguran que lo que los une no es un pasatiempo, sino una experiencia identitaria compartida.
Los therians marcan una diferencia clara con otros grupos más conocidos, como los furries, que suelen enfocarse en el cosplay y en personajes ficticios con rasgos animales. En su caso, insisten en que no están interpretando un personaje ni jugando a ser algo distinto. Tampoco se consideran una tribu urbana.
Aclaran además que no se trata de “autopercibirse” como animales en un sentido literal. La mayoría afirma ser plenamente consciente de su condición humana y no busca derechos ni transformaciones físicas propias de un animal. Lo que describen es una identificación parcial e involuntaria, que influye en cómo perciben emociones, conductas y su vínculo con el entorno.
Este fenómeno, que ha ganado visibilidad gracias a redes sociales como TikTok, abre debates más amplios sobre identidad, expresión personal y tolerancia a lo diferente. Para algunos, se trata de una manifestación cultural llamativa; para otros, de una experiencia difícil de comprender.
Lo cierto es que, más allá de las miradas curiosas o incómodas, quienes se identifican como therians insisten en que no buscan provocar ni llamar la atención, sino simplemente existir y expresarse de una manera que, para ellos, resulta auténtica.


