«En una de las declaraciones más explosivas desde que arrancó la guerra, Donald Trump aseguró que a Estados Unidos prácticamente ya no le quedan blancos por bombardear en Irán y prometió apagar el conflicto ‘pronto’. Sin embargo, mientras el presidente estadounidense saca pecho pensando en calmar a sus votantes de cara a las próximas elecciones, Israel lo contradice anunciando ataques ‘sin límite de tiempo’. Para empeorar el panorama, el nuevo líder supremo iraní acaba de desatar el pánico global al bombardear dos buques cargueros en el Estrecho de Ormuz, jurando hundir la economía mundial. Le explicamos por qué este choque de egos y misiles entre potencias nos podría salir carísimo a los ticos en la bomba de gasolina y el súper.»
El tablero de ajedrez del Medio Oriente está sumido en una peligrosa descoordinación entre sus principales aliados, mientras el mundo entero contiene la respiración ante un inminente colapso económico. Este miércoles, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una afirmación temeraria durante una entrevista telefónica con el medio estadounidense Axios: «Prácticamente no queda nada por atacar en Irán».
Con el inconfundible estilo que lo caracteriza, el mandatario estadounidense minimizó la capacidad de resistencia del país persa y aseguró que el conflicto armado, que estalló a finales de febrero, podría terminarse de un plumazo. «En cuanto quiera que esto se detenga, se detendrá», sentenció Trump.
Análisis Político: Las elecciones dictan el ritmo de la guerra
Para entender el súbito interés de Washington por ponerle freno a los bombardeos, hay que mirar el calendario electoral y no los mapas militares. Donald Trump, a sus 79 años, tiene el agua al cuello. En el próximo mes de noviembre se jugará la vida política en las cruciales elecciones legislativas de mitad de mandato, donde el control total del Congreso está en juego.
Actualmente, las encuestas internas en Estados Unidos están castigando duramente al mandatario. El ciudadano estadounidense promedio está aterrado por la brutal inestabilidad de los mercados globales y el repunte de la inflación que ha traído esta guerra. Trump necesita venderse como el pacificador que destruyó al enemigo rápido para evitar que el desastre económico le cueste el poder legislativo.
El choque de versiones: Israel no suelta el acelerador
Pero en Tel Aviv no hay elecciones en noviembre, y la agenda es radicalmente distinta. Apenas unas horas después de que Trump prometiera un final «pronto», el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, dejó en ridículo las intenciones de la Casa Blanca.
Con un tono marcial y sin espacio para treguas, Katz advirtió que la ofensiva militar conjunta continuaría a sangre y fuego. «Esta operación continuará sin límite de tiempo, tanto como sea necesario, hasta que logremos todos los objetivos», declaró el alto mando israelí, evidenciando una gravísima fisura en la coordinación de la alianza occidental.
La venganza del nuevo Ayatolá y el impacto para Costa Rica
En la otra trinchera, Irán está muy lejos de rendirse. Tras el asesinato de Alí Jamenei, el régimen nombró rápidamente a su hijo como el nuevo Ayatolá supremo. Bajo su mando, la estrategia iraní ha mutado: ya no buscan ganar un enfrentamiento militar directo contra la tecnología gringo-israelí, sino desatar una guerra de desgaste que quiebre el bolsillo del planeta entero.
Ali Fadavi, un alto asesor de la temida Guardia Revolucionaria, lanzó una amenaza apocalíptica en la televisión estatal, advirtiendo que arrastrarán a sus enemigos a un conflicto a largo plazo diseñado para «destruir toda la economía estadounidense y la economía mundial».
¿Por qué esto nos afecta en Costa Rica? Irán no se quedó solo en palabras. Este mismo miércoles cumplieron su amenaza al atacar un buque de bandera liberiana y un carguero tailandés en el Estrecho de Ormuz. Este angosto canal es la yugular petrolera del mundo; si Irán lo bloquea o lo convierte en una zona de guerra constante, el precio internacional del barril de petróleo se irá a las nubes. Para un país como Costa Rica, que importa el 100% de sus combustibles, esto se traduciría en cuestión de semanas en un «gasolinazo» brutal, encareciendo los pasajes de bus, el transporte de alimentos y disparando la inflación que tanto nos ha costado controlar.


