Durante años, los médicos atribuyeron los síntomas de Beth Stichbury, de 27 años, al síndrome del intestino irritable. Cuando finalmente le ordenaron una colonoscopia, el diagnóstico fue devastador: cáncer colorrectal en etapa 4. Hoy, lucha por su vida y busca crear conciencia.
La historia de Beth Stichbury, una joven madre del Reino Unido, es un desgarrador testimonio sobre la importancia de la detección temprana y los peligros de un diagnóstico tardío. Durante siete años, sus persistentes problemas de estreñimiento y sangrado ocasional fueron minimizados por su médico, quien los atribuía al síndrome del intestino irritable. La realidad era mucho más grave: un cáncer colorrectal crecía sin ser detectado.
Cuando finalmente recibió el diagnóstico correcto en 2024, el cáncer ya estaba en etapa 4, la más avanzada, y se había extendido a su hígado y pulmones.
Siete años de síntomas ignorados
Los problemas de Beth comenzaron a los 20 años. En el transcurso de seis años, visitó a su médico de cabecera al menos ocho veces por los mismos malestares, pero la respuesta era siempre la misma. «No era nada de qué preocuparse», le decían, recomendándole beber más agua y ajustar su dieta.
«Me sentí muy frustrada cuando finalmente me enteré, porque yo sabía y todos los que me conocían sabían que tenía problemas desde hacía años», relató Stichbury al diario The Sun. El punto de inflexión llegó en 2024, cuando un nuevo médico, por primera vez, le ordenó una colonoscopia. La llamada con los resultados fue devastadora.
La lucha de una madre y su llamado de alerta
Ahora, con 27 años, Beth vive con dolor constante, fatiga extrema y un estoma (una abertura abdominal para evacuar desechos). Su tratamiento con quimioterapia busca prolongar su vida. «He olvidado lo que se siente al ponerse de pie y no sentir dolor. No puedo hacer lo que una persona normal de 27 años debería poder hacer», confiesa.
A pesar de su delicado estado de salud, su mayor motivación es su pequeña hija, Willow, a quien sueña con llevar a Disneylandia. Con esta meta en mente, planea participar en ensayos clínicos.
Beth ha transformado su dolor en una poderosa campaña de concienciación. Su mensaje es un llamado urgente a la comunidad médica a no desestimar los síntomas de cáncer en pacientes jóvenes por prejuicios de edad. “La edad no significa absolutamente nada cuando se trata de cáncer. Es el cuarto cáncer más mortal del mundo y eso se debe a que mata a personas menores de 40 años que no se someten a pruebas de detección”, advierte.


