El caso de la empresaria Ligia Zulema Faerron Jiménez, de 53 años, desaparecida desde finales de septiembre, dio un giro contundente este martes cuando el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) confirmó que ya no buscan a una persona con vida, sino los restos de una víctima de homicidio.
Las diligencias se concentran en una finca de 61 hectáreas ubicada en Javillos de Florencia, San Carlos, donde se presume que podrían estar los restos de la mujer. En el lugar trabajan agentes judiciales, peritos forenses y perros entrenados en detección de restos humanos, bajo la supervisión directa del director del OIJ, Randall Zúñiga.
“En este momento lo que se está haciendo es la búsqueda de un cuerpo; ya no creemos que pueda ser de una persona viva”, confirmó Zúñiga.
Tres detenidos y un hallazgo clave
Durante un operativo simultáneo, el OIJ allanó dos propiedades en la zona y detuvo a tres personas:
- Un hombre de apellidos González López, de 29 años, sospechoso principal del homicidio.
- Dos vecinas de la empresaria, una madre y su hija, apellidadas Linares Rodríguez (70 años) y Monterrey Linares (44 años), señaladas por el presunto delito de favorecimiento real, al haber ocultado información relevante para las autoridades.
De acuerdo con el Código Penal costarricense, ese delito se castiga con penas de tres meses a cuatro años de prisión a quienes alteren o escondan pruebas o rastros relacionados con un crimen.
Fuentes policiales aseguraron que Faerron mantenía una relación de confianza con las dos mujeres, ambas vecinas de Ciudad Quesada, y que una de ellas trabajó como enfermera en el sector público. La vivienda donde residen fue allanada por los investigadores.
Una confianza que terminó en tragedia
Las pesquisas apuntan a que González visitó a la empresaria el 26 de setiembre en su casa de barrio San Juan, Ciudad Quesada, aprovechando la relación cercana que tenían. Tras ese encuentro, se perdió todo rastro de Ligia.
Semanas después, el rastro del crimen condujo a la finca en Javillos, propiedad de la madrastra de González y su pareja, un ciudadano estadounidense. En el sitio, los investigadores encontraron el anillo de matrimonio de Faerron, una maleta quemada, un collar y una diadema, todos reconocidos por la familia de la víctima.
Durante las excavaciones, uno de los perros detectó presencia de restos humanos, lo que llevó a ampliar la búsqueda hacia un sector de ranchos abandonados y un antiguo vivero.
El rastro del vehículo y una venta sospechosa
Otro detalle que refuerza las sospechas sobre González es que fue la última persona vista con el vehículo de la empresaria, un Volvo 4×2 modelo 2013, valorado en ¢10,5 millones.
El carro fue hallado una semana después completamente destruido tras un aparente vuelco cerca del hotel El Tucano, en La Marina de San Carlos. Luego fue vendido como chatarra por apenas ¢400.000 a un taller de repuestos en Santa Rita de La Palmera.
Los investigadores rastrean quién llevó el vehículo al taller y cómo fue que pasó de un accidente a convertirse en “repuesto”.
Una mujer trabajadora y querida
Ligia Zulema era madre de cuatro hijos y originaria de Liberia, Guanacaste. Se había mudado a San Carlos recientemente para recibir tratamiento por cáncer de piel, según confirmaron sus familiares.
Era una mujer activa, conversadora y cercana a su familia, con la que mantenía contacto diario. Su silencio repentino encendió las alarmas que terminaron por destapar una de las investigaciones más impactantes del año en la región norte del país.
Aunque en redes sociales circularon en el pasado algunos reclamos sobre un proyecto habitacional que impulsó en Guanacaste, las autoridades aún no establecen un móvil claro del crimen.
Un caso que sacude a San Carlos
El hallazgo del anillo, la valija quemada y los objetos personales en la finca fortalecen la hipótesis de que Faerron fue asesinada y su cuerpo ocultado en el lugar.
Las excavaciones continuarán durante este miércoles, mientras la comunidad sancarleña sigue con atención y consternación cada avance de un caso que mezcla traición, confianza y silencio vecinal.
El OIJ mantiene bajo custodia a los tres sospechosos mientras se esperan los resultados forenses que puedan confirmar si, en efecto, los restos hallados corresponden a Ligia Faerron Jiménez.


