Una noche que parecía transcurrir con normalidad en San Rafael de La Unión terminó en una escena digna de una pesadilla. Un menor de 15 años perdió la vida de forma violenta luego de ser herido a balazos y posteriormente atropellado por quienes, según los informes preliminares, serían sus propios agresores.
El trágico suceso ocurrió el sábado alrededor de las 7:35 p. m., cuando un grupo de personas fue sorprendido por sujetos armados que se desplazaban en un vehículo. De forma repentina y sin mediar palabra, los ocupantes del carro abrieron fuego contra dos hombres que estaban en la vía pública.
Uno de ellos, identificado como Valverde, de 25 años, murió en el lugar tras recibir múltiples impactos de bala. Pero el caso que más ha estremecido a la comunidad es el del adolescente que, tras ser alcanzado por los disparos, aparentemente fue rematado al ser atropellado por el mismo vehículo en el que se movían los sicarios.
La violencia del ataque dejó además dos personas heridas: una joven de 20 años apellidada Morales y un hombre de 26 apellidado Vargas. Ambos fueron trasladados de emergencia al Hospital Max Peralta, donde se mantienen bajo observación.
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) se presentó en el lugar para recolectar evidencia. En total, se encontraron 51 casquillos en la escena, lo que da cuenta de la magnitud del tiroteo. Los cuerpos fueron trasladados a la Morgue Judicial para la autopsia de rigor.
Un patrón cada vez más común
Aunque aún no se ha determinado con certeza el móvil del crimen, este tipo de ejecuciones con múltiples víctimas y uso excesivo de violencia —incluso después de haber herido a las personas— empieza a perfilarse como un patrón repetitivo en algunos sectores del país. La modalidad de disparar desde un vehículo en movimiento y luego rematar a las víctimas atropellándolas muestra un grado de frialdad y planificación que preocupa a las autoridades.
Costa Rica ha experimentado un aumento notable en los homicidios dolosos en los últimos años, muchos de ellos relacionados con ajustes de cuentas, narcotráfico o disputas territoriales entre grupos criminales. Este nuevo caso pone nuevamente sobre la mesa la urgencia de reforzar la seguridad en comunidades vulnerables y de articular respuestas más eficaces frente al crimen organizado.
Investigación en curso
El caso se encuentra ahora en manos de agentes judiciales que deberán reconstruir los hechos, identificar a los responsables y esclarecer qué motivó esta tragedia. Mientras tanto, una familia vela a un joven que apenas comenzaba su vida y que fue víctima de una violencia que se ensaña incluso con los más jóvenes.


