Lo que en apariencia fue un préstamo de confianza terminó en una historia de horror. El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) investiga si una pelea por un vehículo prestado fue el motivo que llevó al asesinato de la empresaria Ligia Zulema Faerron Jiménez, de 53 años, cuyo cuerpo fue hallado enterrado en una finca en Javillos de Florencia, San Carlos, el pasado 9 de octubre.
El director del OIJ, Randall Zúñiga, confirmó que Faerron mantenía una relación de confianza con el principal sospechoso, un hombre de apellidos González López, a quien le había facilitado su automóvil, un Volvo valorado en cerca de diez millones de colones. Sin embargo, el vehículo fue chocado y el sujeto presuntamente se negó a responder por los daños.
“Ella le presta el carro al sospechoso y él lo choca. Esa podría ser una posibilidad: cuando ella le cobra, podría haber una discusión que termina en el homicidio”, detalló Zúñiga, sin descartar otras líneas de investigación.
El automóvil fue posteriormente localizado en un taller de repuestos en La Palmera de San Carlos, donde, según las autoridades, había sido vendido por apenas ₡400 mil, pese a que presentaba daños importantes tras el accidente ocurrido cerca del hotel El Tucano.
La búsqueda que terminó en tragedia
Faerron fue vista con vida por última vez el 26 de septiembre en Ciudad Quesada. Su hija fue quien dio la alerta a las autoridades, al notar que su madre había dejado de contestar llamadas y mensajes. Tras casi dos semanas de intensa búsqueda, perros adiestrados del OIJ localizaron el cuerpo en una finca de 61 hectáreas, propiedad vinculada al sospechoso.
La víctima fue identificada gracias a un tatuaje tribal en la pierna izquierda, detalle que permitió confirmar su identidad. El cuerpo, según las autoridades, se encontraba en buen estado de conservación, y se descartó la posibilidad de que hubiera sido incinerado. En el momento del hallazgo aún portaba un reloj y unas calcetas.
Un año difícil para la víctima
De acuerdo con allegados, Ligia Faerron se había mudado a San Carlos hacía poco más de un año. Buscaba tranquilidad para sobrellevar su tratamiento médico, pues padecía cáncer de piel. Su entorno la describía como una mujer trabajadora, reservada y amante de los animales.
Actualmente, la Unidad de Género de San Carlos mantiene bajo custodia al principal sospechoso, mientras se espera la audiencia de medidas cautelares. El caso continúa abierto y el OIJ no descarta nuevas detenciones.
La historia de Ligia Faerron deja al descubierto una dura realidad: cómo un conflicto aparentemente menor puede escalar hasta convertirse en un crimen que estremece a todo un país.


