viernes, 5 junio 2026
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Confirman en Costa Rica casos de leishmaniasis visceral en perros

Un hallazgo que cambia por completo el mapa epidemiológico de esta enfermedad en territorio nacional.

Costa Rica enfrenta un nuevo escenario sanitario en el ámbito veterinario. Una investigación científica de alcance internacional confirmó que la leishmaniasis visceral canina ya se transmite de forma local dentro del país, un hallazgo que cambia por completo el mapa epidemiológico de esta enfermedad en territorio nacional.

El reporte fue publicado en la revista científica Frontiers in Veterinary Science y documenta ocho casos confirmados en perros nacidos y criados en Costa Rica, sin antecedentes de viajes al extranjero. Este detalle resulta clave, ya que descarta la importación de la enfermedad y confirma que el parásito circula de manera autóctona.

¿Dónde se detectaron los casos?

La mayoría de los diagnósticos se concentraron en Guanacaste, específicamente en los cantones de Santa Cruz y Tamarindo. Además, se confirmó al menos un caso en Santa Ana, lo que amplía la preocupación hacia el Valle Central.

Los especialistas aplicaron un enfoque diagnóstico integral que combinó evaluación clínica, estudios histopatológicos y pruebas moleculares, lo que permitió confirmar con alto grado de certeza la presencia del parásito.

Un parásito distinto al esperado

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que el agente identificado no coincide genéticamente con las variantes tradicionalmente asociadas a América. Por el contrario, muestra una cercanía genética con cepas detectadas en regiones como el sur de Europa y el norte de África, lo que plantea nuevas interrogantes sobre cómo llegó y cómo se está diseminando en el país.

La enfermedad es transmitida por flebótomos, conocidos popularmente como moscas de la arena. Una vez dentro del organismo, el parásito se aloja en órganos vitales como el hígado, el bazo, los riñones y la médula ósea, provocando un deterioro progresivo que puede resultar grave si no se detecta y trata a tiempo.

Perros sin síntomas: el mayor reto

El estudio lanza una advertencia clara: varios de los perros positivos no presentaban síntomas evidentes. Esta condición de portadores asintomáticos convierte a los animales en reservorios silenciosos, capaces de mantener la circulación del parásito sin ser detectados fácilmente.

Aunque los investigadores aclaran que no existe una alerta sanitaria para la población humana, la presencia del parásito en perros es relevante desde la perspectiva de salud pública, ya que la enfermedad tiene potencial zoonótico.

Vacíos en la vigilancia y prevención

La investigación también expone debilidades estructurales en el control sanitario, como la falta de protocolos rutinarios de tamizaje, el acceso limitado a tratamientos especializados, la escasa disponibilidad de vacunas y la ausencia de un monitoreo sistemático del insecto transmisor.

Estos factores, combinados con la detección tardía de casos, podrían favorecer una expansión silenciosa si no se refuerzan las acciones preventivas y la vigilancia veterinaria, especialmente en zonas donde el vector está presente.

Signos que pueden aparecer con el tiempo

Los especialistas advierten que la enfermedad suele avanzar de forma lenta y progresiva. Entre las señales más comunes se encuentran:

  • Pérdida de peso y disminución del apetito
  • Cansancio extremo y debilidad
  • Caída del pelo, sobre todo alrededor de ojos y hocico
  • Lesiones cutáneas persistentes
  • Crecimiento anormal de las uñas
  • Inflamación de ganglios
  • Afectación renal, con vómitos u orina excesiva

El estudio fue desarrollado en colaboración entre clínicas veterinarias privadas y entidades nacionales e internacionales, y refuerza la importancia de la ciencia como herramienta para anticipar riesgos emergentes que impactan de forma conjunta la salud animal, humana y ambiental.

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