El debate sobre cómo enfrentar el aumento de la criminalidad en Costa Rica volvió a encenderse tras una serie de declaraciones que evidencian profundas diferencias entre las visiones políticas sobre seguridad pública. En el centro de la discusión quedó el candidato presidencial del Partido Liberación Nacional (PLN), Álvaro Ramos, y, de forma indirecta pero contundente, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
Durante una entrevista reciente, Ramos manifestó su rechazo a la construcción de una megacárcel y planteó que la violencia debía combatirse principalmente desde la educación, afirmando que a los delincuentes había que “meterlos en las escuelas” y no en las cárceles. Sus palabras generaron reacciones inmediatas, especialmente en sectores que consideran que el país enfrenta hoy un fenómeno de crimen organizado y violencia estructural que va más allá de la prevención social.
Bukele entra al debate desde Costa Rica
En ese contexto, Nayib Bukele se refirió al tema durante su visita a Costa Rica, en el marco de la colocación de la primera piedra de una megacárcel. Sin mencionar nombres ni partidos, el mandatario salvadoreño aludió directamente a los argumentos que priorizan la educación como única respuesta a la violencia.
“En El Salvador me decían: presidente, la solución a la violencia es invertir en educación y en oportunidades”, recordó Bukele ante la audiencia. De inmediato aclaró que no rechaza ese enfoque, pero lo ubicó claramente en una estrategia de largo plazo.
Según el gobernante, invertir en educación sí evita que las nuevas generaciones ingresen al mundo delictivo, pero ese camino debió haberse recorrido décadas atrás. “Eso hubiera funcionado hace 20 años”, afirmó, marcando una línea temporal entre la prevención y la realidad actual.
“Ya se graduaron de la universidad del crimen”
El mensaje más duro llegó cuando Bukele se refirió a los delincuentes que hoy operan en las calles. A su juicio, muchos ya no están en una etapa de formación, sino que han acumulado años de violencia extrema.
“Estos criminales no tienen cuatro años para mandarlos a kínder. Ya se graduaron de matar, de la universidad del crimen”, dijo, en referencia a estructuras delictivas que —según señaló— han cometido asesinatos, violaciones y otros delitos graves.
Para Bukele, pretender resolver ese nivel de criminalidad únicamente con programas educativos o segundas oportunidades es desconocer la magnitud del problema. “Ya no es de mandarlos a la escuela, ya no es de darles una oportunidad”, insistió.
Críticas a incentivos económicos y programas sociales mal enfocados
El presidente salvadoreño también cuestionó los programas que entregan dinero o beneficios a personas vinculadas al delito como forma de disuasión. En su criterio, estas iniciativas generan el efecto contrario.
“Les pagan básicamente por no ser criminales, pero ya hacen dinero de la criminalidad y encima reciben dinero”, señaló, advirtiendo que ese tipo de políticas pueden terminar normalizando e incentivando el delito.
Un choque de modelos en plena discusión nacional
Las declaraciones de Bukele han sido interpretadas como una respuesta directa al discurso de sectores políticos en Costa Rica que rechazan las cárceles de alta seguridad y apuestan por la educación como sustituto del encarcelamiento, incluso para delincuentes con historial de violencia extrema.
El intercambio de visiones deja en evidencia un dilema central para el país: cómo equilibrar la prevención social con una respuesta firme e inmediata al crimen organizado, en un momento en que los índices de homicidios y la percepción de inseguridad mantienen en alerta a la ciudadanía.


