Costa Rica volvió a sentir el movimiento de la tierra este martes 18 de noviembre, cuando un sismo de magnitud 5.5 sorprendió a miles de personas en medio de la jornada laboral. El evento ocurrió en una de las zonas más activas sísmicamente del país durante los últimos días: el cantón de Osa, en Puntarenas.
De acuerdo con el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (OVSICORI-UNA), el movimiento telúrico se originó a 1.98 kilómetros de profundidad, una cifra bastante baja, lo que explica por qué tantas comunidades lo sintieron con claridad, incluso lejos del epicentro.
Mientras algunas personas lo describieron como un “jalón fuerte y corto”, otras afirmaron en redes sociales que escucharon un estruendo previo, algo común en sismos poco profundos y cercanos a la costa pacífica.
El epicentro fue localizado 49.9 kilómetros al noroeste de San Pedrillo de Osa, una región que en las últimas semanas ha reportado una seguidilla de movimientos moderados, propios de la dinámica tectónica entre las placas del Coco y Caribe. Esta interacción es una de las razones por las que Costa Rica mantiene una actividad sísmica constante a lo largo del año.
Aunque no se reportaron daños ni emergencias asociadas de inmediato, las autoridades recalcan la importancia de contar siempre con un plan de emergencia familiar y mantener a mano los elementos básicos recomendados para este tipo de eventos. Costa Rica, por su ubicación, es un país donde la prevención es clave.
Este nuevo temblor se suma a la lista de movimientos que han mantenido alerta a la Zona Sur, recordando nuevamente que vivimos en un territorio altamente sísmico y que cada evento es un recordatorio de la importancia de estar preparados.


