Las elecciones nacionales dejaron algo más que ganadores y perdedores: abrieron un debate sobre la confiabilidad de las encuestas electorales en Costa Rica. La Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) incluyó en su informe preliminar un llamado a examinar con rigor la distancia entre varios sondeos divulgados durante la campaña y lo que finalmente expresaron las urnas.
Aunque las encuestas son, por naturaleza, mediciones de momento y no predicciones definitivas, la misión consideró que en este proceso la diferencia fue lo suficientemente amplia como para ameritar un análisis técnico y metodológico. El interés, según el organismo, no es meramente estadístico: los sondeos pueden incidir en cómo los ciudadanos perciben a los candidatos, en la narrativa que construyen los medios y en la manera en que se mueven los recursos dentro de las campañas.
Una desconexión que llamó la atención
El informe señala que varios estudios de opinión no lograron reflejar el respaldo real que terminaron obteniendo ciertos aspirantes. El caso que más destacó fue el de Álvaro Ramos. Durante la campaña, distintas mediciones lo ubicaban en rangos relativamente bajos de intención de voto, pero en la elección logró un apoyo muy superior al estimado. Algo parecido ocurrió con Laura Fernández, cuyo rendimiento en las urnas también superó lo que proyectaban algunos sondeos.
Para la misión, este tipo de diferencias no debe verse como un detalle menor. Las encuestas, bien o mal utilizadas, pueden moldear percepciones sobre quién tiene posibilidades reales de triunfo, alimentar el llamado “voto útil” o incluso desmotivar la participación de simpatizantes que creen que su candidato no tiene opciones.
Impacto más allá de lo electoral
El señalamiento de la OEA introduce preguntas de fondo sobre la industria de la opinión pública en el país. Metodologías de muestreo, momentos de levantamiento de datos, indecisos de última hora y cambios de tendencia en los días finales de campaña son variables que suelen explicar parte de estas brechas. También entra en juego el fenómeno del votante que no revela su preferencia o que decide en la recta final.
En democracias consolidadas como la costarricense, las encuestas se han convertido en un actor más del ecosistema político. Partidos, medios y ciudadanía las siguen de cerca. Por eso, cuando fallan de forma notoria, se erosiona la confianza no solo en las mediciones, sino en la conversación pública que se construye alrededor de ellas.
Respaldo al proceso electoral
Pese a la observación sobre los sondeos, la OEA fue clara en separar ese tema de la integridad de la elección. La misión destacó el trabajo del Tribunal Supremo de Elecciones, resaltando la transparencia del proceso, la solidez del escrutinio y la forma en que se divulgaron los resultados preliminares.
En otras palabras, la inquietud no apunta al conteo de votos, sino a cómo se interpretó el clima electoral previo a la jornada. La misión adelantó que continuará su evaluación y que, en su informe final, podría plantear recomendaciones orientadas a fortalecer la calidad de la información que circula en campañas futuras.
El episodio deja una lección para todos los actores: en política, las encuestas orientan, pero no sustituyen la decisión soberana que se toma en la urna. Y en tiempos de alta volatilidad electoral, la última palabra sigue siendo del electorado.


