El Super Bowl de este año no contará con la presencia de Donald Trump en las gradas, una ausencia que rápidamente llamó la atención y reavivó la tensión entre el expresidente estadounidense y el mundo del espectáculo. Aunque el evento deportivo es uno de los más seguidos del planeta y suele atraer a figuras políticas de alto perfil, Trump dejó claro que esta vez prefiere mantenerse al margen.
El motivo, según explicó en una entrevista con el New York Post, tiene que ver con los artistas elegidos para el espectáculo de medio tiempo. El mandatario fue enfático al manifestar su descontento con la participación de Bad Bunny y Green Day, a quienes calificó como una mala elección. A su criterio, su presencia en un escenario de alcance global no aporta unidad, sino que profundiza divisiones.
Trump afirmó que no comparte el mensaje ni la postura pública de ambos artistas y sostuvo que decisiones como esta “solo siembran odio”, en referencia al impacto cultural y político que, a su juicio, tienen figuras del entretenimiento cuando asumen posiciones críticas frente a su gobierno.
Sin embargo, el propio expresidente matizó sus declaraciones al asegurar que la distancia del evento también influyó en su decisión. Señaló que el Super Bowl se realiza demasiado lejos como para asistir, y recordó que en ediciones anteriores siempre tuvo una buena relación con el público y con la NFL, insinuando que su ausencia no responde únicamente al show musical.
La controversia no surge de la nada. Bad Bunny ha sido una de las voces más visibles dentro de la industria musical en contra de las políticas migratorias impulsadas por Trump. El artista puertorriqueño ha cuestionado públicamente las medidas del expresidente y, como gesto político, dejó fuera a Estados Unidos de su más reciente gira internacional, con excepción justamente del espectáculo del Super Bowl.
Además, el cantante ha llevado sus críticas al terreno artístico. En una de sus canciones más comentadas, incluyó un fragmento que simula la voz de Trump reconociendo el papel fundamental de los inmigrantes en la construcción de Estados Unidos, un mensaje que fue interpretado como una sátira directa al discurso oficial del mandatario.
Green Day, por su parte, tampoco ha ocultado su posición. Su vocalista, Billie Joe Armstrong, ha respaldado manifestaciones contra las deportaciones y ha marcado distancia del movimiento MAGA, dejando claro que no se identifica con la agenda política que rodea al expresidente.
La decisión de Trump marca un hecho poco habitual durante su segundo mandato, ya que el año anterior sí asistió al Super Bowl. En esa ocasión, el espectáculo de medio tiempo estuvo a cargo de Kendrick Lamar, quien aprovechó su presentación para lanzar mensajes críticos sobre la situación política y social del país tras el regreso de Trump a la presidencia.
Así, el Super Bowl vuelve a convertirse en algo más que un evento deportivo. Entre touchdowns, shows musicales y audiencias millonarias, el juego más importante de la NFL también refleja las profundas divisiones culturales y políticas que atraviesan a Estados Unidos, incluso cuando se trata de una fiesta pensada, en teoría, para unir a todos frente a la pantalla.


