A sus 101 años, una madre sigue buscando a su hija desaparecida hace más de dos décadas: la lucha silenciosa que resiste en Becerril
Veinticuatro años después de la desaparición de su hija Edilma Rodríguez, ocurrida en Becerril, Cesar, una mujer de 101 años se niega a renunciar a la verdad. Emérita García Mojica ha repetido durante años la misma frase, una mezcla de desesperanza y resistencia: que morirá sin saber qué pasó con Edilma. Pero aun así, continúa sosteniendo la búsqueda. No lo hace sola: Edith María, otra de sus hijas, se ha convertido en la voz, los pies y las manos del proceso.
La desaparición ocurrió el 7 de septiembre de 2001, cuando 20 hombres encapuchados llegaron a la finca donde trabajaba Edilma, un predio donde llevaba más de una década haciendo labores agrícolas. A ella y a su compañero se los llevaron sin explicación. Nunca volvieron.
Dos décadas de preguntas sin respuesta
Edith recuerda ese día como un momento que fracturó por completo a su familia. Su hermano, que estaba presente cuando ocurrió el rapto, suplicó a los captores que no torturaran a su hermana. La respuesta fue un enigmático “volveremos a su debido tiempo”. Hasta hoy, ese tiempo nunca llegó.
Con el pasar de los años, lo único parecido a una pista fue una llamada anónima recibida por Edith tres años después. Un joven le dijo, sin identificarse, que no creyera que su hermana seguía viva y que había sido asesinada. Después de eso, silencio absoluto.
Un esfuerzo que se niega a apagarse
Emérita buscó durante muchos años a su hija, pero la edad avanzó y fue Edith quien asumió toda la carga. Ha ido a reuniones, diligencias, foros y encuentros estatales en Cartagena, El Carmen de Bolívar y otras localidades. También denunció los hechos cuando la Fiscalía llegó por primera vez al municipio, casi tres años después del crimen.
Lo que más le pesa es la ausencia total de certezas.
“Uno quiere, por lo menos, tener sus restos. Saber que está ahí. Saber que terminó la búsqueda”, dice. “Pero no hay restos, no hay noticias. Solo esta angustia que no se va”.
Describe a su hermana como una mujer de trabajo, de carácter noble y solidario. No tuvo hijos, pero, como recuerda Edith, “decía que los míos eran de ella; se los llevaba para todas partes”.
La Ruta Buscadora: que el Estado llegue a quienes ya no pueden desplazarse
Con Emérita ya con 101 años, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) llegó recientemente a Mompox gracias a su estrategia conocida como Ruta Buscadora. Esta iniciativa recorre más de 140 municipios donde la entidad no tiene oficinas permanentes y permite tomar pruebas de ADN o recibir información sin que las familias deban desplazarse largas distancias.
La UBPD explica que estos casos son priorizados bajo un enfoque diferencial:
“Personas como Emérita no deberían tener que viajar para reclamar un derecho tan básico como la búsqueda de un ser querido. La Ruta Buscadora busca evitarles esa carga, acercando el Estado a donde ellas están”.
Gracias a este recorrido, Emérita y Edith pudieron entregar la prueba de ADN que esperan sea el inicio de un nuevo capítulo en la búsqueda de Edilma.
Una lucha que refleja la dimensión de la tragedia en la región
Solo en el departamento de Bolívar, la UBPD tiene registro de 4.000 personas desaparecidas. En Santa Cruz de Mompox, 261. La entidad ha recibido 52 solicitudes de búsqueda recientes, entre ellas la de Edilma Rodríguez.
Para Edith, las cifras son importantes, pero su dolor es uno solo y tiene nombre propio.
“Fuimos dos hermanas muy unidas. Eso es lo que me duele. Que ella no está, que nadie explica por qué. Que pasen los años y no aparezca ni una señal”, lamenta.
El deseo que sostiene a una madre centenaria
A pesar de su edad, Emérita mantiene una chispa de esperanza. Edith, en un intento por aliviar la angustia de su madre, le recuerda que la prueba de ADN podría finalmente arrojar luz.
Aun así, la mujer centenaria se aferra a una única verdad: quiere saber qué pasó, dónde está su hija y por qué su familia tuvo que cargar con una ausencia tan larga.
Su lucha resume lo que miles de familias colombianas han vivido en silencio durante décadas. Un país donde la espera es larga, pero la memoria de quienes buscan mantiene la esperanza en pie.


