El cine estadounidense perdió a uno de sus actores más reconocibles de la década de los noventa. Peter Greene, intérprete recordado por dar vida a personajes oscuros e intensos en películas de culto como Pulp Fiction y La máscara, fue hallado sin vida en su apartamento en Nueva York. Tenía 60 años.
De acuerdo con información confirmada por autoridades locales y por quien fuera su representante durante más de una década, el actor fue encontrado inconsciente el viernes y declarado fallecido en el lugar. Hasta el momento, no existen indicios de que se trate de una muerte violenta, y será la autopsia la que determine las causas exactas del deceso.
Greene nació en octubre de 1965 en Montclair, Nueva Jersey, y llegó a la actuación relativamente tarde, iniciando su carrera en el teatro neoyorquino a los 25 años. Su físico, su mirada intensa y su capacidad para transmitir tensión lo llevaron rápidamente a ser encasillado en papeles de villano, un terreno donde logró consolidarse y dejar una marca profunda en la cultura cinematográfica.
Su rol más perturbador fue el de Zed en Pulp Fiction (1994), dirigida por Quentin Tarantino, una interpretación que sigue siendo recordada como una de las más inquietantes del cine moderno. Ese mismo año alcanzó gran popularidad con La máscara, donde encarnó al antagonista Dorian Tyrell, compartiendo pantalla con Jim Carrey en una de las comedias más exitosas de la época.
A lo largo de su carrera participó en más de 40 producciones entre cine y televisión. También formó parte del elenco de Los sospechosos de siempre, Alerta máxima 2, De ladrón a policía y otros títulos que reforzaron su reputación como actor especializado en personajes complejos, violentos o moralmente ambiguos.
Aunque nunca fue una estrella convencional de Hollywood, Greene se ganó el respeto de la industria por su intensidad actoral y su compromiso con cada papel. En años recientes, se mantuvo activo en producciones independientes y apariciones esporádicas en televisión, lejos de los grandes reflectores, pero sin abandonar del todo su oficio.
Su fallecimiento genera reacciones de pesar entre cinéfilos y seguidores del cine de los noventa, una época en la que su presencia en pantalla era sinónimo de tensión, peligro y actuaciones memorables. Con su partida, se va uno de esos actores secundarios que, sin protagonizar los afiches, terminan siendo imposibles de olvidar.


