Si usted ha notado que la velocidad que marca el velocímetro de su carro no coincide con la que aparece en Google Maps o Waze, no se trata de un error técnico ni de un fallo de las aplicaciones. Es una diferencia intencional, establecida por normativa internacional, que busca proteger a los conductores de sanciones y accidentes.
En palabras sencillas: el marcador del vehículo siempre está programado para reflejar una velocidad mayor a la real. Es decir, aunque el auto circule a 100 kilómetros por hora, la aguja puede indicar 104 o incluso un poco más. Así lo determina el reglamento UNECE nº 39, una regulación adoptada por la Unión Europea y replicada en gran parte del mundo, incluidos mercados de exportación como el nuestro.
La medida responde a un principio preventivo: jamás permitir que el velocímetro muestre menos de la velocidad real. La lógica es clara: si el carro dice que va a 100 km/h pero en realidad circula a 110, el conductor puede terminar excediendo límites sin saberlo y exponerse a accidentes o sanciones. Para evitarlo, los fabricantes añaden ese margen “de más”.
GPS más preciso, pero no oficial
En contraste, las aplicaciones de navegación como Waze, Google Maps o Apple Maps calculan la velocidad con el Sistema de Posicionamiento Global (GPS). Este método mide la distancia recorrida y el tiempo empleado, lo que suele entregar una lectura más fiel a la realidad. Por eso los usuarios suelen percibir que el celular les indica menos velocidad que el tablero del carro.
Sin embargo, conviene recordar que ni el velocímetro ni el GPS son el referente legal en caso de un control policial. La velocidad válida es la que registran los radares y equipos oficiales de tránsito.
El caso colombiano y su paralelo con Costa Rica
En países como Colombia, sobrepasar los límites de velocidad puede significar multas cercanas a los 650.000 colones (al cambio actual). Además, la ley sanciona el uso del celular mientras se conduce, salvo que el dispositivo esté configurado antes de arrancar.
Costa Rica tiene un escenario similar. Aquí, los excesos de velocidad pueden acarrear sanciones que superan los 300.000 colones, dependiendo del grado de la falta. Las multas más altas corresponden a quienes sobrepasan en más de 40 km/h el límite establecido. Además, manipular el celular mientras se maneja también es causa de sanción.
¿Qué hay detrás de esta norma?
La discrepancia entre el velocímetro y el GPS es parte de un debate más amplio: la seguridad vial. Desde los años setenta, cuando la motorización creció aceleradamente en Europa, se buscó unificar criterios para evitar interpretaciones erróneas sobre la velocidad. De ahí surge la regulación que aún hoy condiciona la forma en que leemos nuestro tablero.
Aunque pueda resultar molesto para quienes confían más en la tecnología de su teléfono, la diferencia en la marcación tiene un trasfondo de prevención. Lo que se busca, al final, es que el conductor maneje con prudencia, consciente de que el carro podría estar registrando de más, pero nunca de menos.
Consecuencia práctica para los ticos
Para quienes circulamos en carreteras nacionales o rutas cantonales, esto significa que conviene tomar la lectura del velocímetro como una advertencia conservadora. Si el tablero dice 100, probablemente vamos un poco por debajo, lo cual reduce el riesgo de multas y de incidentes en carretera.
Eso sí, confiar ciegamente en el celular tampoco es la solución. La señal GPS puede sufrir retrasos o variaciones según la cobertura, especialmente en rutas montañosas o con túneles, comunes en nuestro país.
En conclusión, el desfase entre el velocímetro y el GPS no es un error: es una decisión regulada a nivel internacional para que usted maneje con mayor precaución. Así que la próxima vez que note la diferencia, recuerde que esa pequeña “mentira” del carro podría estar evitándole una multa… o un accidente.


