martes, 7 julio 2026
- Publicidad -

La traición de Parolin al papa Francisco que cambió el rumbo del cónclave y posibilitó la llegada de Prevost

Aunque Jorge Bergoglio ya no esté físicamente entre nosotros, su influencia sigue viva en los rincones más profundos del Vaticano. La elección del nuevo pontífice, el estadounidense Robert Francis Prevost, como Papa León XIV, no solo sorprendió a muchos por lo inesperado de su ascenso, sino que también reveló un entramado de acuerdos internos que, según fuentes vaticanas de alto nivel, fue orquestado en parte por el propio Francisco antes de su muerte.

En los pasillos del Vaticano se comenta que “éste fue el cónclave que hubiera soñado Francisco”, y no es para menos. A pesar de que los nombres más sonados eran los del italiano Pietro Parolin, el filipino Luis Antonio Tagle y el romano Matteo Zuppi, Prevost surgió como una “tercera vía”, un candidato que lograba unir tradición y renovación, sin generar los rechazos internos que pesaban sobre otros postulantes.

El Papa que no quería ser Papa

Parolin, entonces secretario de Estado, parecía tener todas las cartas para convertirse en el nuevo líder de la Iglesia Católica. Pero detrás de su sólida imagen diplomática, se escondía una verdad incómoda: no deseaba el cargo. Su incomodidad en reuniones privadas y su resistencia a liderar la Iglesia fueron claves para debilitar su candidatura.

Tagle, con un respaldo similar, tampoco logró despegar en las primeras rondas de votación. Fue entonces cuando se buscó una figura de consenso. Un giro que, según testigos del proceso, estuvo marcado por una reunión decisiva entre Parolin y Tagle, en la que acordaron ceder terreno si no se lograba una mayoría clara.

El candidato con “P” y el mensaje en clave

En medio de las especulaciones, una frase encendió las sospechas entre periodistas y observadores: “Piensen en un cardenal con P”. Aunque varios nombres coincidían con esa letra, como Pierbattista Pizzaballa y el propio Parolin, fue Prevost quien finalmente encajó en la estrategia.

Pizzaballa, con una fuerte vinculación al conflicto de Medio Oriente como patriarca latino de Jerusalén, era visto como una figura demasiado politizada. Así, Prevost, prefecto del Dicasterio para los Obispos y ex obispo en Perú, emergió como una figura neutral, cercana al pensamiento de Francisco y aceptable para distintas corrientes dentro del cónclave.

Heridas que no cerraron: la ruptura entre Francisco y Parolin

Una pieza clave para entender el ascenso de Prevost es el deterioro de la relación entre Francisco y Parolin. Según fuentes cercanas al entorno del papa emérito, Bergoglio murió profundamente decepcionado por quien una vez fue su hombre de confianza. Lo acusaba de traición, no solo por diferencias ideológicas, sino también por decisiones políticas que marcaron su pontificado.

Entre los desencuentros, destaca el polémico acuerdo con China sobre el nombramiento de obispos —negociado por Parolin— y su exclusión de misiones diplomáticas relevantes como la de Ucrania, liderada por Zuppi. Estas acciones habrían sellado el distanciamiento definitivo entre ambos.

Un Papa con espíritu franciscano

León XIV no solo fue la elección de consenso en el momento preciso. Representa también el legado de un papa que, incluso después de dejar este mundo, continuó moldeando el futuro de la Iglesia. Prevost, con su perfil pastoral y reformista, es visto como la continuidad espiritual de Francisco, pero sin cargar con los mismos enemigos ni las mismas tensiones internas.

Así, lo que se presentó al mundo como una elección sorpresiva, en realidad podría haber sido parte de un plan cuidadosamente trazado, donde las sombras del pasado y los gestos del presente se entrelazaron para dar lugar a un pontífice que, sin estar entre los favoritos, terminó siendo el más adecuado.

Articulos de su interés
- Publicidad -

Lo Más Leido

- Publicidad -

Lo Más Reciente