Lo que para muchos representa el final de un largo y arduo camino, para Halis Montero se convirtió en una pesadilla. A tan solo cuatro meses de graduarse como maestra en educación especial, esta joven mexicana se topó con una realidad devastadora: la carrera que cursó durante cuatro años no estaba oficialmente registrada, por lo tanto, su título no existía.

Todo comenzó en 2018, cuando, llena de sueños y con el apoyo económico de sus padres, eligió formarse en una carrera que, aunque no conocía a fondo, la fue conquistando poco a poco.
“Es una labor muy noble, y lo di todo de mí”, relató en un video que publicó en TikTok, donde compartió su experiencia con miles de usuarios.
Sin embargo, las señales de alerta empezaron a aparecer justo antes de finalizar sus estudios. Desde la institución le exigieron aprobar dos semestres de inglés en apenas dos semanas, una decisión que la dejó desconcertada.
“No está bien que te digan que tenés que presentar materias que nunca te enseñaron”, se quejó.
A partir de ahí, todo fue en picada. En su trabajo le advirtieron sobre posibles problemas con su título, lo que la motivó a investigar por su cuenta. Acudió a la Dirección General de Profesiones de México para verificar si la carrera que estudiaba estaba registrada… y fue ahí donde recibió el golpe más duro: la licenciatura que cursó no estaba autorizada en su estado. “Me dijeron que no, que no existía”, lamentó.
El caso de Halis pone en evidencia una problemática que afecta a muchos estudiantes en América Latina, donde los estudios universitarios implican enormes sacrificios económicos y personales. Que, tras todo ese esfuerzo, la respuesta final sea “no hay título”, resulta simplemente desgarrador.

Aunque intentó iniciar acciones legales contra la institución, la falta de respaldo por parte de sus compañeros dificultó cualquier avance. La universidad le prometió una respuesta para junio o julio de este año, pero su confianza quedó profundamente dañada.
La joven, lejos de quedarse callada, decidió hacer pública su historia para alertar a otros estudiantes. Recomendó que antes de matricularse verifiquen que la carrera esté oficialmente registrada en el ente regulador del país.
“Ojalá esto sirva para que nadie más tenga que pasar por lo que yo pasé”, concluyó.
Este caso deja al descubierto la importancia de una mayor fiscalización en la oferta educativa y el deber de las autoridades de proteger a los estudiantes de instituciones que, lejos de educar, terminan estafando sueños.


