jueves, 4 junio 2026
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El efectivo en Costa Rica costaba 1% del PIB; hoy el país gasta 15 millones de dólares al año

Banco Central: el efectivo no va a desaparecer, pero su uso ya cayó drásticamente

San José — El Banco Central de Costa Rica salió a aclarar una duda que crece junto con el auge de los pagos digitales: el efectivo no va a eliminarse. Sin embargo, los números confirman que los billetes y monedas ya no ocupan el lugar central que tenían en la economía costarricense hace apenas una década.

Hoy, el país destina alrededor de 15 millones de dólares al año a la reposición de billetes y monedas. Esa cifra contrasta con el pasado: años atrás, el costo total del manejo del efectivo en Costa Rica superaba los 500 millones de dólares, equivalente al 1% del Producto Interno Bruto, tomando en cuenta toda la cadena logística: fabricación, transporte en camiones remeseros, custodias, personal de seguridad y reposición permanente.

Por qué cayó tanto el uso del efectivo

La respuesta es el teléfono celular. Una proporción creciente de las transacciones cotidianas —compras en supermercados, pagos de servicios, transferencias entre personas— se realizan hoy desde aplicaciones móviles o plataformas digitales. Esta tendencia se aceleró después de la pandemia y no ha dado señales de revertirse.

El Banco Central reconoce que esa reducción en el uso del efectivo representa una evolución positiva para el sistema financiero por la rapidez y facilidad de los medios digitales. Menos billetes en circulación también implica menos logística, menos riesgo de robo y menores costos operativos para bancos y comercios.

El efectivo como plan B

Sin embargo, las autoridades fueron enfáticas en un punto: los billetes y las monedas no van a desaparecer. La razón es su función como sistema de respaldo. Cuando hay fallas de electricidad o problemas de conexión a internet —situaciones que ocurren con frecuencia en zonas rurales o durante emergencias— el efectivo sigue siendo el único mecanismo que garantiza que las transacciones puedan completarse sin depender de infraestructura tecnológica.

Ese rol de «plan B» del dinero físico es precisamente lo que justifica mantener la cadena de producción y distribución activa, aunque a una escala mucho menor que en el pasado.

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