Los costarricenses ya no manejan hacia sus trabajos; simplemente se sientan a esperar dentro de sus vehículos. La crisis de infraestructura vial en el país ha tocado un fondo histórico que ya no se mide en kilómetros de asfalto, sino en los niveles de estrés y las horas de vida que el ciudadano pierde diariamente.
El más reciente informe del Centro de Estudios para la Infraestructura y el Transporte (CEPIA) le puso números a la tragedia que todos vivimos: la velocidad promedio de un vehículo particular durante las horas de mayor congestionamiento en la Gran Área Metropolitana (GAM) pasó de unos lentos 15 km/h en el año 2015, a unos asfixiantes y ridículos 10 km/h al cierre del 2025.
En términos prácticos, el tico avanza hoy un 33% más lento que hace una década, confirmando que las ampliaciones viales y los remiendos de puentes han sido simples curitas para una hemorragia arterial.
Análisis de Movilidad: Más rápido a pie que en bus
Desde la perspectiva del urbanismo y el transporte público, el dato que verdaderamente debería avergonzar a las autoridades es el de los autobuses. Según las estimaciones de los expertos, las unidades de transporte público masivo avanzan hoy a un agonizante ritmo de 6 kilómetros por hora durante las presas críticas.
Para poner esto en contexto: la velocidad promedio de un ser humano adulto caminando a paso ligero es de 5 a 6 km/h. Esto significa que una persona que decide irse caminando desde La Sabana hasta el centro de San José, podría llegar exactamente al mismo tiempo (o incluso antes) que el ciudadano que viene pagando su pasaje, comprimido y sudando dentro de un autobús atrapado en el Monumento al Agua.
Heredia – San José: La ruta del colapso mental
El impacto de este embotellamiento crónico no solo quema millones de colones en combustible desperdiciado, sino que está fracturando la salud mental del trabajador. Conductores entrevistados en los principales cuellos de botella del país denuncian que los tiempos de traslado ya cruzaron la barrera de lo humano.
El trayecto entre Heredia y San José, una distancia que en un país con infraestructura del primer mundo no tomaría más de 15 minutos, hoy exige entre una hora y media y dos horas de paciencia franciscana. Este secuestro diario en las vías se traduce en menos tiempo para la familia, menos horas de sueño, un ausentismo laboral disfrazado y un aumento alarmante en los casos de violencia vial.
La GAM está al borde del infarto circulatorio, y mientras no se implementen soluciones drásticas como la sectorización real del transporte público, carriles exclusivos y un sistema ferroviario de carga y pasajeros eficiente, el tico seguirá condenado a vivir sus mejores años atrapado detrás de una mufla.


