Un video grabado en México encendió la conversación digital luego de mostrar el momento en que un conductor de autobús cierra las puertas justo cuando un joven, identificado como “therian”, intentaba subir al vehículo. La escena, captada por una persona que también esperaba en el paradero, se difundió rápidamente en plataformas como Instagram y X, generando opiniones divididas.
En las imágenes se observa a tres jóvenes aguardando el transporte público. Llevaban accesorios alusivos a animales —entre ellos una máscara de zorro, además de elementos que evocaban un tigre y un lobo— y realizaban movimientos corporales inspirados en esos personajes. Cuando la unidad llegó, varios pasajeros abordaron con normalidad. Sin embargo, al acercarse uno de los muchachos, el conductor cerró las puertas y continuó su recorrido, dejándolo en la acera.
El joven que portaba la máscara retrocede tras el cierre inesperado, mientras sus acompañantes reaccionan con sorpresa. El clip no muestra confrontación directa ni intercambio verbal, pero sí evidencia el momento exacto en que se les niega el ingreso.
El caso ocurre en un contexto donde el término “therian” ha ganado presencia en redes sociales, particularmente entre adolescentes y jóvenes. La palabra proviene del concepto de teriantropía, asociado históricamente a relatos mitológicos sobre humanos con características animales. No obstante, desde la década de 1990 comenzó a utilizarse en foros digitales para describir a personas que manifiestan una identificación psicológica o espiritual con un animal no humano.
En la actualidad, quienes se reconocen como “therians” suelen expresar esa afinidad mediante accesorios, dinámicas grupales o encuentros comunitarios. Para algunos es una vivencia simbólica; para otros forma parte de su identidad personal. La expansión del fenómeno está fuertemente ligada a internet, donde las nuevas generaciones encuentran espacios para compartir intereses y construir sentido de pertenencia.
Debate en redes: inclusión y límites
El incidente reavivó una discusión que va más allá del caso puntual. En redes sociales, algunos usuarios consideran que el conductor actuó de manera discriminatoria al impedir el abordaje por la apariencia del joven. Otros opinan que el chofer pudo haber interpretado la situación como una conducta inusual que alteraba la dinámica habitual del servicio.
En países como Costa Rica, donde el transporte público también enfrenta cuestionamientos sobre trato a los usuarios, un hecho similar probablemente abriría un debate similar sobre derechos, convivencia y respeto a la diversidad de expresiones juveniles.
Cuando una identidad emergente adquiere visibilidad pública, suele provocar reacciones encontradas. Parte de la sociedad lo interpreta como una manifestación cultural legítima; otra parte lo observa con escepticismo. En el entorno digital, esa polarización se amplifica y convierte situaciones aisladas en tendencias virales.
Lo cierto es que el video refleja cómo las nuevas formas de identidad juvenil interactúan con espacios tradicionales como el transporte público. Y en esa interacción, la conversación sobre respeto, inclusión y límites sociales vuelve a colocarse sobre la mesa.


