jueves, 9 julio 2026
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¿Moda pasajera o señal de alerta? Lo que explica una psicóloga sobre el fenómeno de los “therians”

Caminar en cuatro patas, usar máscaras de lobo o zorro y afirmar una conexión profunda con determinada especie ya no es una escena aislada en internet. En redes sociales abundan los videos de adolescentes que adoptan conductas animales y se presentan como “therians”, un término que, en su sentido actual, describe a personas que dicen identificarse parcial o simbólicamente con un animal.

Aunque para muchos adultos esta tendencia puede resultar desconcertante, desde la psicología el enfoque es distinto. La profesional argentina Débora Pedace, directora del Centro Terapéutico Integral, explicó en una entrevista con Noticias Caracol que el primer paso no es juzgar, sino comprender qué función cumple esa identificación en la vida del joven.

Identidad en construcción

La adolescencia es, por naturaleza, una etapa de búsqueda. Es el momento en que la identidad todavía se está formando y en el que probar distintas estéticas, discursos y formas de pertenencia resulta parte del proceso normal de crecimiento.

En ese contexto, sentirse representado por la fortaleza de un lobo, la independencia de un gato o la lealtad de un perro puede convertirse en una metáfora personal. No se trata, en principio, de una enfermedad. Según la especialista, identificarse con un animal no constituye por sí mismo un trastorno mental.

El fenómeno, además, no surge de la nada. Décadas atrás existieron las llamadas tribus urbanas: grupos juveniles que utilizaban vestimenta, música y símbolos específicos para diferenciarse y encontrar comunidad. La gran diferencia hoy es la velocidad con la que las redes sociales difunden contenidos y crean comunidades globales en cuestión de horas. Lo que antes era minoritario y local, ahora puede volverse viral en días.

¿Dónde está el límite?

La línea se vuelve delicada cuando la identificación simbólica empieza a reemplazar la identidad humana y afecta el criterio de realidad. Es decir, cuando la persona deja de entender que se trata de una representación y comienza a actuar como si literalmente fuera un animal.

En los últimos meses han circulado testimonios de jóvenes que no solo imitan movimientos o sonidos, sino que adoptan conductas que podrían poner en riesgo su salud, como ingerir alimento para mascotas o acudir a un veterinario en vez de un médico. Para la psicóloga, en esos casos ya no hablamos de una expresión creativa o pasajera, sino de una posible pérdida de contacto con la realidad que requiere atención profesional urgente.

Aquí entra en juego otro elemento clave: el desarrollo del cerebro adolescente. Durante esta etapa, las áreas relacionadas con el juicio crítico y la toma de decisiones aún están madurando. Por eso, cuando un joven observa en redes a otros aparentando felicidad y aceptación dentro de una comunidad “therian”, puede asumir que imitar esa conducta le traerá el mismo resultado.

El papel de las redes sociales

Las plataformas digitales no crearon la necesidad de pertenecer, pero sí la amplifican. Funcionan como vitrinas donde ciertas identidades reciben validación inmediata a través de “me gusta”, comentarios y seguidores.

Muchos adolescentes que se acercan a esta tendencia, según relató la experta, arrastran experiencias de rechazo, bullying, baja autoestima o conflictos familiares. En ese escenario, encontrar un grupo que los acoja y los valide puede resultar profundamente atractivo.

El riesgo aparece cuando la comunidad virtual se convierte en el único espacio de referencia y desplaza vínculos presenciales, estudios u otras responsabilidades cotidianas.

Acompañar sin ridiculizar

Frente a este panorama, la recomendación para madres y padres es clara: mantener canales de comunicación abiertos, sin burlas ni descalificaciones. Minimizar o ridiculizar puede profundizar el aislamiento. Sin embargo, acompañar con afecto no significa permitir cualquier conducta.

Establecer límites claros es parte del rol adulto, sobre todo cuando hay comportamientos que puedan comprometer la salud física o mental. Además, estos procesos rara vez surgen de un día para otro. Cambios de ánimo, aislamiento, conflictos escolares o dificultad para relacionarse suelen aparecer antes de que el joven adopte públicamente esta identidad.

En la mayoría de los casos, la identificación con un animal puede ser una etapa transitoria dentro de la exploración adolescente. Pero cuando sustituye la identidad humana y altera la percepción de la realidad, deja de ser una simple moda y se convierte en una señal de alerta.

En tiempos donde las tendencias nacen y se multiplican a golpe de algoritmo, el desafío no es entrar en pánico, sino comprender, acompañar y saber cuándo buscar ayuda profesional.

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