La historia detrás del cuerpo calcinado que apareció dentro de una refrigeradora en Santa Rosa, Limón, comenzó mucho antes de que el OIJ llegara a la escena. Según la línea investigativa más sólida hasta ahora, la joven Irán Velásquez Galeano habría sido testigo de un homicidio previo, un hecho que —según fuentes judiciales— la colocó en la mira de un grupo dispuesto a todo para evitar que hablara.
Ese detalle, clave para entender la brutalidad del caso, motivó un operativo policial que arrancó de madrugada y culminó este jueves con la captura de dos personas: un hombre de apellidos Urbina Navarro y una mujer de apellidos Mendieta Calderón. Ambos fueron detenidos en allanamientos simultáneos realizados en Limoncito y Limón 2000, acciones coordinadas entre el OIJ y la Fiscalía Adjunta de Limón.
La escena que nadie debía ver
Las pesquisas apuntan a que Velásquez estuvo presente el 3 de noviembre en la casa de Jimmy Moraga Parajeles, un hombre de 43 años que fue asesinado de un disparo en la ingle tras una discusión con otro sujeto. Moraga murió posteriormente en el hospital Tony Facio.
Ese crimen ya tenía un detenido separado —un hombre de apellido Angulo—, pero la investigación dio un giro cuando surgió la posibilidad de que la joven hubiera presenciado el ataque. Para los investigadores, ese simple hecho pudo haber sellado su destino.
Una semana después, el hallazgo que estremeció a Limón
El 10 de noviembre, exactamente una semana después de aquel primer homicidio, el 911 recibió una alerta a las 8:30 a. m.: dentro de una refrigeradora abandonada en un sector montañoso de Santa Rosa, Valle La Estrella, había un cuerpo completamente quemado.
Las primeras valoraciones de la Sección de Patología indicaron que se trataba de una mujer, aunque los análisis de ADN eran necesarios para confirmar la identidad. Con el paso de las horas, la sospecha de que se trataba de Velásquez comenzó a tomar fuerza.
El nivel de violencia, así como el intento por desaparecer cualquier rastro, marcaron para el OIJ un patrón que vinculaba este hecho con el asesinato de Moraga.
Operativo con perro detector de sangre: la pista que se confirmó
En la vivienda de los sospechosos, los agentes judiciales utilizaron un perro entrenado para localizar rastros de sangre, una herramienta esencial para reconstruir lo ocurrido dentro del inmueble.
El can alertó en varios puntos, y eso llevó a los investigadores a aplicar pruebas de luminol, con las que se busca confirmar si en esa casa se cometió o se preparó algún acto relacionado con los homicidios.
Estas pruebas forenses, que combinan ciencia y análisis químico, permitirán al Ministerio Público fortalecer la teoría de que la joven fue asesinada para evitar que diera información sobre el primer crimen.
Un posible ajuste de cuentas que reveló una cadena de violencia
Tanto la muerte de Moraga como la de Velásquez presentan señales de haber sido provocadas como parte de conflictos asociados al narcomenudeo, una situación que se ha intensificado en varios barrios de Limón y que mantiene a las autoridades en constante presión operativa.
Los investigadores creen que la joven fue vista como “testigo incómoda” dentro de una disputa más grande, lo que explicaría la frialdad y contundencia con la que actuaron quienes la atacaron.
Lo que viene ahora
Con Urbina Navarro y Mendieta Calderón bajo arresto, la Fiscalía deberá definir las medidas cautelares mientras se realiza la reconstrucción forense de los hechos.
Las autoridades no descartan que existan más involucrados, pues el caso conecta dos homicidios distintos, un intento claro de ocultar evidencia y un patrón de violencia que se repite en la región.
Limón amanece, nuevamente, bajo el impacto de una historia que expone cómo una disputa criminal puede desencadenar consecuencias impensables para quienes quedan atrapados en medio.


