domingo, 7 junio 2026
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«Me acompañan en mis noches de soledad»: La insólita confesión del «robacalzones» que tenía aterrado a un barrio

Los vecinos ya sospechaban, pero lo que la policía encontró en el cuarto del detenido superó todas las teorías.

Un caso que raya en lo surrealista ha sacudido la comunidad de La Tina, en Oteapan, Veracruz (México), donde un hombre fue capturado por los propios vecinos en el momento exacto en que perpetraba el crimen que lo hizo «temido» en la zona: robar ropa interior femenina de un tendedero.

El individuo ya era el principal sospechoso de una serie de desapariciones de prendas íntimas que mantenían incómodas y molestas a las mujeres del lugar. Esta vez, sin embargo, fue sorprendido con las manos… en el tendedero. Los habitantes, hartos de la situación, lo retuvieron, lo amarraron y esperaron a la policía municipal para entregarlo.

Pero la captura fue solo el inicio. Fue la confesión del detenido lo que dejó a las autoridades heladas, revelando una motivación que no era económica, sino compulsiva

La confesión: «Para acompañarme en la soledad»

 

Tras la captura ciudadana, el hombre fue interrogado por las autoridades. Lejos de la negación o la actitud desafiante de un ladrón común, el sujeto confesó de inmediato la razón de sus actos.

Admitió que, efectivamente, era el responsable de los robos que plagaban la zona. Pero el clímax de la confesión fue cuando reveló el destino de la ropa: acumulaba una gran cantidad de prendas íntimas femeninas en su habitación y las utilizaba para «acompañarse en sus noches de soledad».

La declaración confirma que se trata de un caso de fetichismo y compulsión, no de un simple hurto.

El «nido» del ladrón: Hallan decenas de prendas

 

Actuando bajo la confesión, las autoridades procedieron a asegurar la vivienda del detenido. Lo que encontraron en su cuarto confirmó la magnitud del problema. Los agentes hallaron decenas de prendas íntimas femeninas, presumiblemente el botín acumulado de sus múltiples incursiones en los patios y tendederos de Oteapan y otras comunidades cercanas.

El asombro se apoderó de los vecinos, quienes, según medios locales, aseguraron que nunca imaginaron que el responsable de los robos viviera tan cerca y mantuviera esa doble vida.

De «robacalzones» a la cárcel

 

El caso, que rápidamente se viralizó en redes sociales bajo el apodo de «el ladrón de brasieres», ha pasado de ser una anécdota de barrio a un asunto judicial serio. El detenido permanece bajo custodia policial a la espera de que se resuelva su situación legal.

Aunque en Costa Rica un acto así podría considerarse una contravención menor, el Código Penal del Estado de Veracruz, donde ocurrieron los hechos, es más severo. Dependiendo del valor total de lo sustraído y la intención del autor, este tipo de robo puede acarrear penas que van desde los seis meses hasta los cinco años de prisión, además de las multas económicas correspondientes.

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