Dormir menos de lo necesario una sola noche puede alterar la mente tanto como el alcohol. Así lo reveló Nuria Roure, psicóloga y experta en trastornos del sueño, quien aseguró que permanecer despierto por más de 20 horas provoca un deterioro cognitivo similar al de una persona que ha bebido seis cervezas.
Su advertencia llega en un momento en que el descanso parece haber perdido valor frente al ritmo acelerado de la vida moderna. Entre horarios laborales extendidos, el abuso de pantallas y la presión constante por la productividad, dormir bien se ha convertido en un lujo más que en una prioridad.
El sueño, el gran olvidado del bienestar
Roure, autora del libro Por fin duermo, sostiene que el sueño debería recibir la misma atención que la alimentación o el ejercicio físico. “Dormir no es perder tiempo, es recuperar energía vital”, afirmó.
Según datos de la Sociedad Española del Sueño (SES), las personas duermen en promedio entre seis y seis horas y media diarias, por debajo del rango saludable de siete a ocho horas que recomiendan los especialistas.
En Costa Rica, estudios del Ministerio de Salud y universidades privadas han reportado una tendencia similar: más del 60% de los adultos duerme menos de lo recomendado, lo que impacta directamente su rendimiento, concentración y salud cardiovascular.
Consecuencias que van más allá del cansancio
La privación de sueño no solo causa fatiga o irritabilidad. Reduce la capacidad de concentración, retrasa los reflejos y afecta la memoria, lo que aumenta el riesgo de accidentes laborales y de tránsito.
Durante las fases profundas del sueño, el cerebro procesa información, consolida recuerdos y elimina desechos metabólicos. Si ese ciclo se interrumpe constantemente, el cuerpo pierde la oportunidad de regenerarse.
A largo plazo, dormir mal se asocia con hipertensión, obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. También debilita el sistema inmunológico, haciendo al organismo más vulnerable ante infecciones y virus.
La falta de sueño empieza desde jóvenes
Los expertos advierten que el problema comienza en la adolescencia.
Los horarios escolares tempranos, combinados con el uso nocturno del celular y redes sociales, están provocando que los jóvenes duerman dos o tres horas menos de lo necesario.
Roure enfatiza que los adolescentes deberían dormir al menos nueve horas por noche, ya que este descanso profundo es clave para su desarrollo cerebral y emocional. “Estamos criando generaciones que viven crónicamente cansadas”, advierte.
Cuatro pasos para dormir mejor
Los especialistas coinciden en que la buena higiene del sueño puede aprenderse. Entre las principales recomendaciones, destacan:
1. Rutina fija: Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana.
2. Evitar estimulantes: No consumir café, té ni bebidas energéticas después de las 4 p.m., y evitar cenas pesadas.
3. Controlar el estrés: Tratar de resolver preocupaciones antes de ir a la cama y crear un ambiente tranquilo.
4. Desconectarse de las pantallas: La luz azul del celular o la computadora engaña al cerebro y retrasa la liberación de melatonina, la hormona del sueño.
Dormir bien, una inversión en salud
En una sociedad que glorifica la productividad y el rendimiento constante, el sueño sigue siendo el pilar más subestimado de la salud.
Como concluye Roure, “dormir no es un lujo: es una necesidad biológica esencial. Quien descansa bien, vive mejor, piensa más claro y se enferma menos”.


