El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) confirmó esta tarde que el cuerpo encontrado enterrado en una finca de Javillos de Florencia, San Carlos, corresponde a la empresaria Ligia Zulema Faerron Jiménez, desaparecida desde el pasado 26 de setiembre.
La identificación visual fue posible gracias a los tatuajes que presentaba el cuerpo, lo que permitió a los agentes confirmar con certeza que se trataba de la reconocida empresaria sancarleña.
El hallazgo se produjo luego de varios días de excavaciones en la propiedad, donde los equipos del OIJ trabajaban tras recibir información que vinculaba el lugar con el principal sospechoso, un hombre de apellidos González López, quien había sido detenido previamente en el marco de la investigación.
Un hallazgo que confirma la eficacia del OIJ
Según el reporte oficial, el cuerpo fue encontrado enterrado a aproximadamente un metro de profundidad, en una zona ajardinada dentro de la finca. Fue un perro especializado en detección de restos humanos quien marcó el sitio exacto donde se encontraba.
Con este descubrimiento, las autoridades dan por confirmado uno de los casos más seguidos en las últimas semanas y destacan que, una vez más, el trabajo coordinado del OIJ permitió detener al principal sospechoso incluso antes de hallar el cuerpo de la víctima.
“Este caso reafirma la importancia de la labor investigativa del OIJ, que logró avanzar de manera sólida y efectiva en la identificación de los responsables y la localización de la víctima”, señalaron fuentes judiciales.
Un cierre doloroso para la familia y el país
El cuerpo de Ligia Faerron será trasladado al Laboratorio de Ciencias Forenses para los análisis complementarios de ADN y autopsia, con el fin de determinar las causas exactas de su muerte.
Su familia, que durante días mantuvo la esperanza de encontrarla con vida, enfrenta ahora la confirmación más dura. En redes sociales, su hija había compartido mensajes llenos de fe y fortaleza, pidiendo a Dios que la guiara hacia la verdad.
El caso de Faerron deja al descubierto no solo la tragedia de una familia costarricense, sino también la capacidad y el compromiso del OIJ para resolver crímenes complejos que conmueven al país entero.


