En medio del dolor, la incertidumbre y el impacto que ha generado la desaparición de la empresaria Ligia Zulema Faerron Jiménez, su hija rompió el silencio con un mensaje que refleja la mezcla de esperanza y fe que aún sostiene a su familia.
A través de sus redes sociales, la joven escribió unas líneas dirigidas a Dios, en las que clama por la verdad y por la fortaleza necesaria para afrontar el duro proceso que viven desde hace más de dos semanas:
“Solo tú sabes la verdad, Señor y hasta que no sea confirmada, seguiré creyendo que mi mamá volverá a casa.
Te pido, Padre, que la acompañes, la protejas y la envuelvas con luz divina.
Si está viva, dale fuerza, consuelo y esperanza y si está en tus brazos, abrázala con el amor más puro y dame a mí y a mi familia la fortaleza para soportar lo que venga.
No permitas que los rumores me roben la fe, porque confío en ti y en tu justicia. Sostén a mi familia con tu mano y guíanos hacia la verdad.”
Las palabras, compartidas en su cuenta personal, rápidamente se difundieron entre amigos, familiares y cientos de costarricenses que han seguido de cerca el caso y se han unido en oración por la empresaria sancarleña.
Un país que acompaña en oración
Desde el 26 de setiembre, cuando se reportó la desaparición de Faerron, las redes sociales se han llenado de mensajes de apoyo, cadenas de oración y muestras de solidaridad hacia su familia.
Sin embargo, el caso tomó un giro inesperado este martes, cuando tres personas —entre ellas dos vecinas cercanas— fueron detenidas por su presunta participación en el ocultamiento de información relacionada con el crimen.
A pesar de los nuevos hallazgos y la posibilidad de un desenlace trágico, la hija de Ligia mantiene firme su fe: confía en que la verdad saldrá a la luz y que, sin importar el resultado, su madre será honrada con justicia.
La esperanza no se apaga
Mientras el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) continúa con los trabajos en la finca de Javillos de Florencia, en San Carlos —donde se presume podrían estar los restos de la empresaria—, el país entero observa conmovido las palabras de una hija que se aferra a la fe como su única fuerza.
Su oración se ha convertido en símbolo de un sentimiento compartido por muchos costarricenses: la necesidad de verdad, justicia y consuelo ante una historia que ha estremecido al país.


