Un sueño que nació en la adolescencia
Daniel Jackson tenía apenas 14 años cuando, junto a un grupo de amigos, exploraba mapas en busca de territorios curiosos. Fue entonces cuando descubrieron una franja de tierra sin reclamar entre Serbia y Croacia. Se trataba de un área de 1,6 hectáreas, más grande que el propio Vaticano, que no había sido adjudicada a ningún Estado tras la disolución de Yugoslavia.
Aquel hallazgo se transformó en un proyecto que con los años daría vida a Verdis, una micronación creada con la intención de promover causas ambientales. El nombre deriva del latín viridis (verde), reflejando su propósito inicial: la protección de la naturaleza.
Un país con bandera, leyes y Gobierno propio
A sus 20 años, Jackson oficializó la creación de Verdis y asumió la presidencia. El joven australiano, junto a sus amigos, redactó leyes, delimitó el territorio, diseñó una bandera e incluso creó pasaportes. Actualmente, existen alrededor de 15 mil solicitudes de ciudadanía, de las cuales solo 400 fueron aceptadas.
El gabinete de Verdis está conformado por siete ministros, todos hombres, lo que Jackson reconoce como una dificultad al intentar sumar mujeres interesadas en la micronación.
Un Estado sin reconocimiento y un presidente en el exilio
El mayor obstáculo de Verdis radica en que Croacia no reconoce su existencia. En octubre de 2023, Jackson intentó asentarse en su territorio, pero fue desalojado por la policía croata y se le prohibió la entrada de por vida. Desde entonces, vive en lo que él mismo denomina “exilio de su propio país”.
Su visión es la de un Estado neutral, con espacio para ONG y proyectos de cooperación internacional. Sin embargo, reconoce la dificultad de litigar contra Croacia al no tener acceso a su sistema judicial.
El futuro de Verdis y las aspiraciones de Jackson
Actualmente, el joven presidente divide su tiempo entre aprender serbio y croata —idiomas oficiales junto con el inglés—, gestionar donaciones, expedir pasaportes y comercializar productos relacionados con Verdis.
Pese a los retos, mantiene la ilusión de que la micronación logre reconocimiento internacional. A largo plazo, asegura que desea convertirse en un ciudadano común y ceder la presidencia a través de elecciones, con una política que define como centrista y abierta a la participación democrática.


