jueves, 23 julio 2026
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“No sé a cuántos maté”: una mujer asesinó a al menos once maridos para quedarse con sus herencias

La historia de "la vida negra: podría ser condenada a pena de muerte tras ser acusada de asesinar a sus once maridos a lo largo de dos décadas.

Durante más de dos décadas, Kulthum Akbari, una mujer iraní de 56 años, habría perfeccionado un método mortal para deshacerse de sus esposos y quedarse con sus herencias. Las autoridades la señalan como responsable de al menos 11 asesinatos cometidos con una mezcla letal de medicamentos para la diabetes, sedantes y alcohol industrial.

La mayoría de sus víctimas eran hombres de entre 65 y 85 años, cuyas muertes se atribuían inicialmente a causas naturales, lo que le permitió actuar impunemente desde el 2001. Según el expediente judicial, Akbari se casó con al menos 18 hombres, varios de los cuales también fallecieron en circunstancias sospechosas.

El caso que destapó dos décadas de crímenes

Fue en 2023 cuando la muerte de su último esposo, Gholamreza Babaei, encendió las alarmas. La autopsia reveló indicios de envenenamiento, lo que llevó a su arresto y a un interrogatorio que dejó atónitos a los investigadores.

En sus declaraciones, Akbari no solo admitió los asesinatos, sino que dejó una frase escalofriante:

“No sé a cuántos maté. Quizá fueron 13 o 15 personas. No lo recuerdo con exactitud”.

También confesó un intento fallido de asesinato en 2020. Hoy enfrenta 11 cargos por homicidio premeditado y uno por tentativa de homicidio.

Familiares exigen la pena de muerte

En la última audiencia, realizada el pasado miércoles, familiares de cuatro víctimas exigieron formalmente la pena capital. Más de 45 personas, entre herederos y allegados, se han sumado a la acusación en su contra. En Irán, los delitos de este tipo suelen castigarse con la ejecución, por lo que Akbari podría estar a un paso de la horca.

Una estrategia criminal que pasó inadvertida

Los investigadores detallan que la acusada aprovechaba la vulnerabilidad de hombres mayores para ganarse su confianza, casarse con ellos y, en cuestión de meses o años, administrarles dosis progresivas de veneno. La lenta degradación de su salud impedía a las familias sospechar que se trataba de un asesinato.

Su caso ha causado conmoción internacional y abre un debate sobre el control de sustancias tóxicas y la facilidad con la que pueden usarse para cometer crímenes silenciosos.

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