martes, 7 julio 2026
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Capibaras en cuarentena: entre la ternura viral y el riesgo ecológico

 

 

Cinco capibaras, los roedores más grandes del mundo, fueron interceptados en un intento de ingreso ilegal a Costa Rica y actualmente se encuentran bajo cuarentena en el Zoo Ave, centro especializado en la atención de fauna silvestre. Aunque muchos los reconocen por su apariencia simpática y comportamiento aparentemente pacífico en redes sociales, los expertos advierten que su presencia en territorio costarricense representa un riesgo serio para los ecosistemas y la agricultura.

¿Qué son los capibaras y por qué preocupan a los especialistas?

Los capibaras son mamíferos nativos de Sudamérica, conocidos por su tamaño —pueden alcanzar hasta 70 kilos— y su vida semiacuática. En plataformas digitales, se han hecho virales gracias a videos que los muestran compartiendo con otras especies o interactuando de manera tranquila con humanos. Sin embargo, detrás de esa imagen amistosa se oculta una realidad biológica muy distinta.

De acuerdo con especialistas en fauna exótica, su introducción en ambientes ajenos a su hábitat natural puede provocar desequilibrios graves, al competir por alimento con especies autóctonas, transmitir enfermedades y afectar cultivos por su alta demanda alimenticia.

Peligro para cultivos y fauna nativa

Uno de los mayores temores es que, en caso de reproducirse sin control en zonas rurales, los capibaras podrían convertirse en plagas agrícolas, especialmente en áreas cercanas a fuentes de agua. Al ser animales herbívoros, consumen grandes cantidades de pasto, cultivos y plantas acuáticas, lo que afecta directamente a pequeños productores y ganaderos.

Además, su comportamiento territorial podría poner en riesgo a especies nativas más pequeñas, desplazándolas de sus hábitats o provocando altercados que desestabilicen el equilibrio ecológico local.

No son mascotas: llamado a la conciencia ciudadana

Desde el Zoo Ave y otras organizaciones dedicadas al rescate de animales, se insiste en que los capibaras no deben ser tratados como animales de compañía. A pesar de que su comportamiento puede parecer dócil, se trata de fauna silvestre con necesidades específicas, hábitos instintivos y respuestas agresivas cuando se sienten amenazados.

“El problema con la viralización de estas especies es que muchas personas piensan que son tiernas mascotas exóticas, pero la verdad es que pueden morder, arañar y generar conflictos si se crían fuera de su entorno natural”, explica un portavoz del centro.

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