En Costa Rica, casi la mitad de los jóvenes entre 18 y 24 años vive atrapada en un torbellino emocional: angustia, tristeza y desesperanza son sentimientos frecuentes que afectan a esta generación más que a cualquier otra. Así lo revela el informe “El Estado Mental del Mundo 2024”, elaborado por Sapien Labs, publicado por Statista y el periódico La República.
Con un 44,8% de jóvenes reportando emociones negativas persistentes, Costa Rica ocupa el cuarto lugar en América Latina entre los países con peor salud mental juvenil. Solo lo superan Chile (49,1%), Brasil (47,2%) y Bolivia (45,5%). México sigue de cerca con un 44,5%.
Pero este no es solo un problema nacional o regional. El estudio advierte que la crisis de salud mental entre los jóvenes es global. “En todas las regiones del mundo, los adultos mayores se sienten relativamente bien, mientras que las generaciones más jóvenes tienen dificultades. La única diferencia entre países es el grado de deterioro de la salud de la mente de las generaciones más jóvenes”, señala el informe.
El documento pinta un panorama preocupante: más de un tercio de los jóvenes adultos manifiestan síntomas como pensamientos obsesivos, extraños o no deseados, así como una desconexión con la realidad. Esto interfiere directamente en su capacidad para estudiar, trabajar, socializar y vivir con estabilidad.
Entre las causas más destacadas están el uso intensivo de smartphones desde edades tempranas, el ciberacoso, la alteración del sueño y la exposición a contenidos nocivos en línea. Pero no se trata solo del mundo digital: los lazos familiares más frágiles, las amistades menos profundas y una dieta cargada de productos ultraprocesados también agravan la situación. De hecho, quienes consumen este tipo de alimentos con regularidad tienen tres veces más probabilidades de experimentar trastornos emocionales.
En una región que ya arrastra enormes desigualdades sociales, la salud mental juvenil se suma a la lista de crisis urgentes que requieren atención. Y en Costa Rica, el mensaje es claro: los jóvenes están pidiendo auxilio, aunque muchos lo hagan en silencio.


