Los amantes de los animales muchas de las veces no escatiman en recursos con tal de darles una gran calidad de vida a sus mascotas y a aquellos que son adoptados de ambientes hostiles, como las calles o los basureros. Aquello también le pasó a Henrik, por ello, decidió adoptar a una gata y sus pequeños retoños.
En el 2018, llegó a su casa junto con los mininos recién salidos de un refugio. Lo que menos pasó por su mente fue que una pequeña mordida desencadenaría una verdadera tragedia. Su familia y allegados se mostraron conmovidos por lo que le sucedió. Te contamos su historia.
Henrik y la mordedura fatal de su gato
Aunque es conocida la conducta de los felinos, a quienes se les da por morder u arañar, la historia de Henrik muestra cómo el no ser lo suficientemente cuidadosos puede desencadenar una tragedia.
El danés Henrik movió a uno de los pequeños gatitos, hijos de la gata adulta que había adoptado. Ante ello, el minino reaccionó con una mordida en el dedo índice de su amo. El hombre no le dio importancia.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el hombre notó que su brazo se hinchaba, por lo que asistió al hospital Kolding de Dinamarca. Allí fue internado inicialmente durante un mes. En ese tiempo fue sometido a 15 cirugías.
El tratamiento que le dieron no ayudó a que su dedo sanara: todo lo contrario, su estado de salud estaba en declive. Así, le amputaron el dedo afectado.
La principal causa de la no recuperación de Henrik era que el gato había dado la mordida en un vaso sanguíneo. Fue a través de eso que Pateurella multocida, la llamada bacteria de la carne, logró ingresar a su organismo.
Aunque esta bacteria suele estar en un 70% o 90% de gatos, las mordeduras que le hacen a sus cuidadores no implican mayores riesgos. Sin embargo, el caso de Henrik se dio por la rápida propagación de la bacteria y a su sistema inmunológico debilitado por la diabetes. Estuvo durante cuatro años con gran deterioro de su salud hasta que murió en diciembre del 2018.
¿Dónde se encuentra la bacteria Pasteurella multocida?
Los organismos bacterianos de la especie Pasteurella viven en la boca de la mayoría de gatos, así como en un número significativo de perros y otros animales.


