Una familia costarricense enfrenta uno de los golpes más duros que puede atravesar cualquier hogar: perder a dos seres queridos en cuestión de minutos y en circunstancias distintas.
La madrugada de este martes, en el sector de Chomes, en Puntarenas, un accidente de tránsito cobró la vida de Jesús Jiménez Ávila. El hombre se desplazaba con destino a un centro médico, donde su madre permanecía internada en condición delicada. Su intención era acompañarla en un momento complicado, pero el trayecto terminó en tragedia.
De acuerdo con la información confirmada por allegados, el percance ocurrió durante la madrugada. Mientras familiares intentaban asimilar la noticia del fallecimiento de Jesús, en el hospital se vivía otra escena dolorosa: su madre, Bernarda Jiménez, perdió la vida poco tiempo después.
Entre ambos decesos transcurrieron aproximadamente 30 minutos. Dos hechos separados, pero conectados por un mismo vínculo familiar y un mismo amanecer marcado por la pérdida.
La comunidad ha reaccionado con consternación ante lo ocurrido. La historia ha trascendido más allá del círculo cercano, debido al profundo simbolismo de la situación: un hijo que intentaba llegar a tiempo para ver a su madre y que no logró cumplir ese último abrazo.
Los restos de Bernarda Jiménez están siendo velados en la capilla de San Rafael de Alajuela. Las honras fúnebres están programadas para este miércoles a las 4 de la tarde. En el caso de Jesús Jiménez Ávila, la familia indicó que informará posteriormente sobre los detalles de su despedida.
El impacto emocional para los allegados es doble. No solo deben enfrentar la partida de madre e hijo, sino también organizar despedidas por separado, una circunstancia que profundiza el duelo.
En Costa Rica, los accidentes de tránsito continúan siendo una de las principales causas de muerte violenta, especialmente en horarios nocturnos y de madrugada. Esta tragedia vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad en carretera y cómo, en cuestión de segundos, pueden cambiar destinos completos.
Hoy, una familia enfrenta el vacío de dos ausencias irreparables. La historia deja una huella de dolor que se extiende más allá de los nombres, recordando lo frágil que puede ser la vida y lo impredecible de ciertos desenlaces.


