Un barrio entero en el departamento de Canelones, en Uruguay, intenta procesar todavía lo impensable: un joven de 27 años confesó haber acabado con la vida de sus padres y de su hermano mayor, todo —según dijo— para convertir la escena en una especie de “película de terror”.
El caso ocurrió en la localidad de 18 de Mayo y ya es catalogado por las autoridades como uno de los hechos más estremecedores de los últimos años en ese país, tanto por la frialdad del relato del sospechoso, como por la forma en que fueron encontrados los cuerpos.
“Odiaba a mi familia y debí hacerlo antes”
De acuerdo con la información divulgada por las autoridades uruguayas, durante los interrogatorios el joven no solo habría admitido su participación en el crimen, sino que lanzó frases que impactaron incluso a los investigadores más experimentados.
Entre ellas, una declaración que quedó registrada en el expediente: aseguró que “odiaba” a su familia y que “debí haberlo hecho antes”.
Ese tipo de expresiones, sumado al macabro manejo de la escena, llevaron a la Fiscalía a ordenar una evaluación psiquiátrica profunda, pese a que el sospechoso no tenía antecedentes penales ni reportes previos de problemas de salud mental.
Cómo se destapó el horror
El caso salió a la luz la noche del 25 de noviembre, cuando compañeros de trabajo del hermano mayor —un capataz de obra de 37 años— comenzaron a preocuparse por su ausencia. No contestaba llamadas ni mensajes y tampoco se había presentado a su jornada laboral, algo totalmente fuera de lo normal.
Ante la insistencia de sus colegas, se dio aviso a las autoridades. Fue entonces cuando oficiales se desplazaron hasta la vivienda familiar, donde también vivían los padres del hombre, de 62 y 61 años.
Al ingresar, se toparon con una escena que describieron como impactante y muy por encima de lo habitual en investigaciones de homicidio. Los cuerpos de las tres víctimas habían sido desmembrados con una sierra eléctrica y sus restos distribuidos en distintas áreas de la casa. Para los investigadores, se trataba de un escenario cuidadosamente manipulado.
Versiones cambiantes y un relato poco creíble
En un primer momento, el joven intentó salir al paso de las preguntas con una explicación sencilla: dijo que sus padres y su hermano se habían ido de viaje, por lo que nadie los encontraría en la casa.
Sin embargo, la versión no calzó con lo que veían los agentes y, ante los cuestionamientos, el sospechoso cambió su relato.
Luego afirmó que seis sujetos encapuchados habrían ingresado a la vivienda, que lo golpearon hasta dejarlo inconsciente y que, al despertar, encontró a sus familiares ya muertos. Según dijo, fue en ese momento cuando decidió desmembrar los cuerpos para poder moverlos dentro de la casa.
Los investigadores calificaron esta historia como “absolutamente improbable” y sin sustento lógico. La manipulación de la escena, la ausencia de señales de un ataque externo y otros indicios reforzaron la hipótesis de que se trataba de un crimen planificado desde adentro del hogar.
La perturbadora idea de “grabar una película”
Conforme avanzaron las diligencias, el relato del detenido tomó un rumbo todavía más inquietante.
El joven habría dicho que uno de sus objetivos era “grabar una película de terror”, utilizando la escena real del crimen como base. Durante los allanamientos, las autoridades localizaron cuadernos con anotaciones que parecían guiones: descripciones de escenas sangrientas, ideas para tomas y detalles que, para la Policía, reflejan una suerte de fascinación con la violencia extrema.
Aunque ese fue el motivo que el propio sospechoso puso sobre la mesa, los investigadores no se limitan a una sola hipótesis. También se analizan posibles conflictos familiares de larga data, discusiones por dinero e incluso problemas recientes, supuestamente detonados por algo tan cotidiano como un teléfono celular.
Un barrio en shock y un país que se hace preguntas
La localidad de 18 de Mayo, donde ocurrió el triple homicidio, quedó en silencio. Vecinos que conocían a la familia aseguran estar sorprendidos, mientras los medios uruguayos hablan de un caso que ha remecido la opinión pública.
Como suele ocurrir con hechos tan extremos, el caso abrió varios debates en Uruguay:
- ¿Qué señales de alerta pudieron haberse pasado por alto en el entorno cercano?
- ¿Hasta qué punto influyen el aislamiento social, los conflictos dentro del hogar y el consumo de contenidos violentos en personas vulnerables?
- ¿Cómo reforzar el acceso a la salud mental antes de que un conflicto escale a este punto?
Aunque muchas de estas preguntas todavía no tienen respuesta, sí dejan claro que se trata de algo más que una “crónica roja” más: es un caso que desnuda fracturas familiares y vacíos en la detección temprana de riesgos.
Qué sigue para el principal sospechoso
En la parte judicial, el joven enfrenta la investigación por triple homicidio con circunstancias especialmente graves, dada la crueldad y planificación que se le atribuyen.
Los próximos pasos clave en el proceso son:
- Peritajes psiquiátricos y psicológicos: serán determinantes para establecer si el sospechoso comprende plenamente sus actos, su capacidad de distinguir entre el bien y el mal y si padece algún trastorno mental relevante.
- Revisión de cuadernos y dispositivos electrónicos: los guiones escritos, posibles videos, búsquedas en internet y mensajes podrían demostrar premeditación y aportar detalles sobre cuándo y cómo empezó a gestarse la idea del crimen.
- Reconstrucción de la dinámica familiar: declaraciones de allegados, vecinos y compañeros de trabajo ayudarán a entender si había antecedentes de violencia, amenazas, peleas constantes o conflictos económicos.
En paralelo, la comunidad y las autoridades intentan dimensionar el impacto emocional de un hecho que rompe con la idea del hogar como espacio seguro. Un hijo que admite haber planeado la muerte de sus propios padres y de su hermano, bajo la excusa de una película de terror, obliga a mirar con seriedad temas como la salud mental, la violencia intrafamiliar y la soledad que se vive puertas adentro.
Mientras tanto, en Canelones y en el resto de Uruguay, el nombre de la localidad 18 de Mayo queda ligado a uno de los episodios criminales más estremecedores de los últimos tiempos.


