Un barrio tranquilo de La Guácima, Alajuela, fue nuevamente sacudido este martes 17 de junio cuando agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) encontraron una considerable cantidad de marihuana en una vivienda ubicada a escasos 100 metros de otra casa que ya había causado revuelo por almacenar una tonelada de droga y 56 armas de fuego, muchas de ellas de uso militar.
Este nuevo descubrimiento se da en medio de los allanamientos relacionados con el llamado caso Venus, una investigación que ha puesto en evidencia cómo el crimen organizado ha sabido infiltrarse en sectores aparentemente pacíficos y cómo las fachadas legales, como las subastas ganaderas y negocios deportivos, han sido utilizadas para lavar dinero proveniente de actividades ilícitas.
¿Coincidencia o conexión criminal?
Aunque, por ahora, el OIJ no confirma un vínculo directo entre ambas viviendas, la cercanía ha despertado sospechas. El propio director del OIJ, Randall Zúñiga, dejó claro que no se descarta ninguna línea investigativa. “Inicialmente, no encontramos un vínculo o ligamen; sin embargo, debido a la distancia y proximidad de ambas casas, vamos a valorar cualquier situación para descartar o no esta hipótesis”, explicó.
Ganaderos, padel y autos de lujo: una red bien camuflada
El caso Venus gira en torno a un exconvicto guatemalteco, de apellido Melgar, que tras cumplir una condena por tráfico de óvulos de heroína, se radicó en Costa Rica y repentinamente pasó a ostentar una fortuna difícil de justificar. Establecido como supuesto ganadero en Pijije de Bagaces, su estilo de vida llamó la atención de las autoridades.

El OIJ señala que las subastas ganaderas han sido utilizadas para mover grandes sumas de dinero en efectivo sin controles claros. “Estos espacios, donde no se exige bancarización, han sido aprovechados por redes delictivas para legitimar capitales”, advirtió Zúñiga.
Melgar no actuaba solo. En 2024 fue vinculado con dos hermanos costarricenses de apellidos Álvarez Alfaro, empresarios ligados a ventas de autos, talleres mecánicos y canchas de pádel. Estos se reunían frecuentemente en un local comercial llamado Venus, origen del nombre que adoptó la operación policial.
La organización habría adquirido vehículos de lujo como Maseratis, además de extender su red comercial a distintas zonas del país, operando aparentemente bajo negocios legítimos, pero con movimientos financieros que no cuadraban con su perfil empresarial.
¿Qué sigue ahora?
Con cada allanamiento y decomiso, el caso Venus se consolida como una de las investigaciones más complejas del año, y deja entrever una estructura criminal que supo mimetizarse entre la vida cotidiana de varias comunidades costarricenses. Las autoridades continúan con los operativos, mientras la investigación avanza para determinar el alcance real de esta red y su posible conexión con otras organizaciones tanto dentro como fuera del país.




