La madrugada de este lunes fue sacudida por la violencia en la comunidad de Arenales, en Nosara de Guanacaste. Eran las 5:05 a. m. cuando los vecinos, aún entre sueños, fueron despertados abruptamente por una serie de potentes detonaciones que no dejaban duda: alguien había sido atacado a balazos.
Al llegar al sitio, los socorristas de la Cruz Roja encontraron una escena dantesca. Un joven de 24 años, identificado preliminarmente como de apellido Román y de nacionalidad nicaragüense, yacía sin vida. Presentaba múltiples impactos de bala en la cabeza, la ingle y el abdomen. El cuerpo estaba dentro de una habitación, donde, según las primeras versiones, fue sorprendido mientras descansaba.
Las autoridades judiciales detallaron que, en apariencia, dos hombres llegaron al lugar en motocicleta, ingresaron al cuarto y abrieron fuego sin mediar palabra. Tras el ataque, huyeron rápidamente del sitio y hasta el momento no han sido localizados.
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) confirmó que el cuerpo fue trasladado a la Morgue Judicial para realizar la autopsia correspondiente. Mientras tanto, se abrió una investigación para intentar esclarecer los motivos del crimen y dar con los responsables.
Este nuevo caso vuelve a encender las alertas sobre la violencia en zonas costeras y rurales del país, donde los ajustes de cuentas, el narcotráfico y los conflictos entre grupos criminales han venido en aumento. Nosara, conocida por su atractivo turístico y ambiente relajado, enfrenta así una cara oscura que preocupa a residentes y autoridades.
La comunidad está consternada. Lo que para muchos era un lugar tranquilo para vivir o vacacionar, parece estar cambiando, y el miedo a que estos hechos se repitan comienza a crecer.


