Los documentos desclasificados del caso Epstein —una de las investigaciones más extensas sobre explotación sexual y tráfico de menores en tiempos recientes— han puesto de nuevo a la vista pública comunicaciones donde Costa Rica aparece mencionada en 324 ocasiones en correos electrónicos, registros de llamadas y expedientes judiciales. Aunque la mayoría de esas referencias no prueban por sí mismas delitos cometidos en el país, sí evidencian que el nombre de Costa Rica surgió repetidamente en conversaciones vinculadas a redes criminales bajo investigación en Estados Unidos.
El Departamento de Justicia estadounidense divulgó a finales de enero un paquete de aproximadamente 3,5 millones de páginas de documentos con fechas entre 2012 y 2015. Esta liberación se considera la mayor hasta ahora bajo las leyes de transparencia federal en ese caso. Gran parte del contenido sigue bajo protección legal para resguardar la identidad de víctimas y evitar dañar investigaciones en curso, pero el material público arroja luz sobre cómo algunos individuos implicados en la red de Epstein discutían viajes y logística con referencias a Costa Rica.

Una de las menciones más concretas forma parte de una operación encubierta del FBI en la que agentes disfrazados manejaban una agencia de viajes ficticia llamada “Costa Rica Taboo Vacations”. Según los documentos, esa agencia se usó como señuelo para detectar a personas que intentaban concertar, mediante llamadas o correos, viajes al país centroamericano con la intención de mantener relaciones sexuales con menores de edad. En al menos uno de los casos descritos, un hombre identificado en los expedientes respondió a un anuncio de esa supuesta agencia, negoció y pagó un viaje para este propósito y fue arrestado en un hotel tras organizar una cita.
Aunque el expediente no implica que Costa Rica sea un sitio de operaciones de la red de Epstein ni que autoridades costarricenses hayan estado involucradas, sí muestra que el país fue utilizado como referencia y pantalla por sujetos que buscaban ubicar destinos turísticos donde perpetrar delitos sexuales. Las comunicaciones mencionan llamadas telefónicas para coordinar vuelos, reservas en hoteles y supuestos encuentros con personas que serían menores de edad, siempre bajo la cobertura de la agencia falsa administrada por investigadores federales.
Los documentos también incluyen correos electrónicos donde Costa Rica aparece en contextos distintos. Algunas conversaciones hablan de planes de viaje de conocidos de Epstein al país, con referencias a estancias en zonas costeras de lujo como Guanacaste o el Valle Central. Otras líneas de correspondencia apuntan a discusiones sobre posibles inversiones en bienes raíces y propiedades vinculadas a personas bajo investigación, aunque esos pasajes requieren verificación adicional y no necesariamente reflejan actividad delictiva.
Entre las comunicaciones divulgadas hay incluso mensajes que parecen triviales o fuera de contexto —por ejemplo, un correo supuestamente enviado desde alguien participando en un evento de belleza asociado a Costa Rica, aunque las fechas no coinciden con la realización oficial del certamen de ese año—, lo que subraya que el volumen de material desclasificado mezcla comunicaciones relevantes con otras que deben interpretarse con cautela.
Para la sociedad costarricense, estas menciones han generado preocupación y preguntas legítimas: ¿por qué tantas referencias a nuestro país en expedientes tan delicados? ¿Qué parte de esa información refleja verdaderos planes criminales y qué parte es sólo uso del nombre como señuelo o lugar hipotético? Las autoridades nacionales y expertos en seguridad están evaluando el alcance de estas menciones, subrayando que hasta ahora no hay evidencia pública de que Costa Rica haya sido un centro de operaciones de redes de tráfico sexual vinculadas a Epstein.
Lo que queda claro tras esta desclasificación es que las redes criminales globales intentan camuflar sus intenciones en destinos turísticos populares, y que las investigaciones del FBI han empleado herramientas encubiertas para identificar posibles agresores sin entorpecer procesos judiciales más amplios. Para Costa Rica, el desafío ahora es garantizar transparencia, fortalecer mecanismos de protección infantil y participar en cooperación internacional para evitar que nuestro nombre sea utilizado como fachada para delitos graves.
Este capítulo de los archivos Epstein —aunque todavía fragmentario— invita a una reflexión profunda sobre cómo los nombres de lugares pueden aparecer en investigaciones complejas sin que eso signifique, de entrada, implicación directa. Sin embargo, exige también una respuesta firme de parte de las instituciones para clarificar, contextualizar y, de ser necesario, proteger la reputación y seguridad de quienes habitan y visitan el país.


