Artículo escrito por Foro de médicos: En el gremio médico costarricense existe una realidad que irrita profundamente a las cúpulas del poder médico: la cirugía plástica funciona como un club privado de millonarios, con brazalete VIP, contraseña en la puerta y pacto de silencio incluido. No es solo medicina, es membresía. Ahí los errores no existen: se maquillan, se esconden y se archivan bajo alfombras gruesas, lejos del escrutinio público.
Cuando uno de los socios enfrenta una complicación grave, el sistema se activa con precisión quirúrgica. Llamadas internas, camas disponibles en la CCSS, expedientes manejados con discreción absoluta y cero titulares. Todo se resuelve entre pasillos cerrados, apellidos conocidos y silencios convenientes. Protección corporativa, encubrimiento mutuo y ética selectiva, servidas con modales finos.
Pero el escenario cambia cuando el procedimiento fue realizado por un médico cirujano. Ahí no hay cautela ni respeto por el acto médico. Primero se llama a la prensa, incluso antes de iniciar el tratamiento correspondiente, y luego se construye el escándalo. Se dicta sentencia antes del diagnóstico y se alimenta el morbo mientras el paciente lucha por su vida.
Estos no son errores aislados. Son movimientos oportunistas para desviar la atención, confundir a la población y consolidar poder. Se usa el dolor de las familias como herramienta mediática. Decirlo incomoda, pero es necesario: hay prácticas mafiosas dentro del gremio médico, y mientras no se denuncien, la medicina seguirá secuestrada por intereses que nada tienen que ver con la ética ni con los pacientes.


