viernes, 10 julio 2026
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¿Tendremos segunda ronda entre Laura y Álvaro tras encuestar de Demoscopía? Analista señala fallas clave en datos

¿Segunda ronda en el aire? Cuestionan metodología de reciente encuesta presidencial.

El debate alrededor de las encuestas electorales volvió a tomar fuerza tras la publicación del más reciente estudio de la firma Demoscopía, cuyos resultados apuntan a un escenario de segunda ronda en la elección presidencial. Aunque el sondeo coloca a Laura Fernández como la candidata con mayor respaldo, no le asigna el porcentaje suficiente para una victoria en primera vuelta, lo que ha generado cuestionamientos desde el análisis político.

Uno de los señalamientos más detallados provino del analista político Mario Quirós, quien examinó públicamente los datos y advirtió sobre varios elementos metodológicos que, a su criterio, podrían estar influyendo en la interpretación de los resultados.

La encuesta, elaborada por Demoscopía, se basó en una muestra de 600 personas. Según Quirós, este tamaño resulta considerablemente menor en comparación con otros estudios recientes, como los realizados por el CIEP o por OPol, lo que ya introduce un primer factor de cautela al momento de contrastar tendencias.

En el plano presidencial, el estudio otorga a Laura Fernández un 34,5 % de la intención de voto, seguida a distancia por Álvaro Ramos con un 11,3 %, Juan Carlos Hidalgo con un 5,5 % y otros aspirantes con apoyos más reducidos. Un dato que destaca es el peso de quienes no definen una preferencia clara, ya que cerca de un 28 % de las personas consultadas se ubicaron entre indecisos o no respondieron.

Para Quirós, uno de los principales problemas radica en el universo que utiliza la encuestadora para presentar los resultados. A diferencia de otros estudios que calculan el voto probable —es decir, quienes tienen mayor disposición a acudir a las urnas—, Demoscopía proyecta los porcentajes sobre el total de la muestra, lo que puede diluir el respaldo real de algunos candidatos y generar lecturas poco comparables con mediciones anteriores.

Otro punto sensible es la forma en que se agrupan los indecisos. El analista explicó que la encuesta separa esta condición en varias categorías, mezclando a quienes no saben por quién votar con quienes expresan rechazo general al sistema o afinidad con ninguna opción. En conjunto, estas categorías superan el 30 %, pero no necesariamente representan un bloque homogéneo de electores que eventualmente se distribuirá de forma predecible.

Quirós también puso la lupa sobre la composición sociodemográfica de la muestra. Según detalló, las personas con educación universitaria aparecen sobrerrepresentadas, mientras que los mayores de 60 años y quienes tienen menor nivel educativo figuran por debajo de su peso real en la población nacional. Este desbalance, advirtió, podría inclinar los resultados hacia ciertos perfiles urbanos y más politizados, dejando por fuera dinámicas relevantes del electorado tradicional.

Finalmente, el analista señaló que algunos datos no calzan con el comportamiento histórico observado en otras encuestas. Mencionó, por ejemplo, variaciones abruptas en el respaldo a determinadas figuras políticas y una caída significativa en el apoyo a Fernández respecto a estudios previos, lo que abre dudas sobre la estabilidad de la medición.

Pese a las críticas, Quirós reconoció que el sondeo sí logra capturar un elemento constante del panorama electoral costarricense: el alto nivel de indecisión que suele marcar las semanas previas a los comicios. A su juicio, el problema no es la existencia del estudio, sino la manera en que sus cifras pueden interpretarse sin un análisis más profundo del contexto y de la metodología empleada.

El intercambio vuelve a poner sobre la mesa la importancia de leer las encuestas con cautela y de comprender qué miden realmente, especialmente en una contienda donde cada punto porcentual puede alterar la narrativa política del país.

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