En la recta final de la campaña electoral, el candidato presidencial del Partido Nueva Generación, Fernando Zamora, decidió hablarle de frente a un sector que, según afirma, ha sido relegado durante años: el productivo. Agricultores, pescadores, emprendedores y trabajadores rurales son el eje central de un mensaje cargado de contenido político, simbolismo y crítica directa al sistema tradicional de poder.
Zamora sostiene que el próximo domingo no se define solo una elección, sino la supervivencia de miles de familias que dependen de la producción nacional. Desde su perspectiva, estas personas tienen claro que su actividad económica está en riesgo y que Nueva Generación ha sido el único partido que ha mantenido una línea coherente en defensa del productor local, sin dobles discursos ni concesiones a intereses externos.
Uno de los ejes más fuertes de su pronunciamiento es la denuncia de lo que califica como una “invisibilización sistemática”. El aspirante asegura que su ausencia en debates televisivos de alto perfil y en portadas de grandes medios no es casual, sino parte de una dinámica que favorece a las estructuras políticas tradicionales. Lejos de verlo como una desventaja, Zamora afirma que agradece no haber participado en lo que describe como espacios cargados de superficialidad y espectáculo, alejados de los problemas reales del país.
En cuanto a sus propuestas, el candidato reafirma compromisos que ha venido repitiendo durante la campaña. Entre ellos destaca la devolución del Régimen Obligatorio de Pensiones (ROP), el freno a la importación agroalimentaria masiva que —según su criterio— ha golpeado duramente a la producción nacional, y la restitución de actividades pesqueras que fueron prohibidas y que dejaron a muchas comunidades costeras sin sustento.
A esto se suma una visión de desarrollo basada en una fuerte inversión en obra pública. Zamora plantea una modernización profunda de puertos, aeropuertos y carreteras, así como una transformación ambiciosa de la matriz energética del país, que ubique a Costa Rica como líder regional en el siglo XXI, sin sacrificar soberanía ni empleo local.
El tono del mensaje también tiene una carga emocional importante. El candidato evoca la figura de su abuelo, productor y referente personal, como la raíz de su compromiso político. Afirma haber jurado que su lucha estaría siempre del lado del pueblo sencillo, ese que —según recalca— no suele tener micrófono, pero sí una fuerza moral determinante en las urnas.
Finalmente, Zamora hace un llamado explícito al electorado que se identifica con la causa del desarrollo productivo. Pide no solo el voto, sino también el trabajo electoral activo este domingo 1.º de febrero, respaldando al Partido Nueva Generación en ambas papeletas. Para el candidato, la decisión trasciende colores partidarios y se convierte, en sus palabras, en un acto de responsabilidad histórica con el futuro de la patria.


