Una situación inesperada le ocurrió a un repartidor de Uber Eats que entregaba un pedido en el condominio Monte Sol en Santa Ana.
Mientras el repartidor se bajó de su moto para realizar la entrega, la misma comenzó a incendiarse en medio condominio. De forma desesperada, el repartir intentó utilizar sus propias manos para apagar el incendio, sin embargo ya era muy tarde.
Un vecino del condominio identificado como Paulo Feoli, al ver lo que sucedía no lo pensó dos veces y de inmediato llamó al Sistema de Emergencias 9-1-1 para solicitar apoyo de los bomberos.
Feoli también llevó un extintor y logró controlar el incendio de la moto.

Según cuenta el vecino de la zona, la moto quedó completamente despedazada, todas sus piezas plásticas calcinadas y el resto del motor inservible.
En ese momento el repartidor identificado como Ricardo, rompió en llanto, ya que su moto era todo lo que tenía y la utilizaba como su medio de trabajo.
Este es el relato de Paolo Feoli, quien vivió todo lo que ocurrió:
Ayer viví una situación muy intensa, triste y a la vez reconfortante. Venía llegando de hacer ejercicio y de repente escuché un grito muy fuerte afuera de mi apartamento, me asomé y a un muchacho repartidor de comidas se le empezó a incendiar su moto mientras iba manejando saliendo por la calle interna de mi condominio.
Por instinto en el momento le grité lo más fuerte que podía que se tirara de la moto y sali corriendo a ayudarle. Mientras bajaba las escaleras hacia la calle, con una mano llamé al 911 y solicité bomberos y con el otro brazo pasé y tomé el extintor del pasillo de salida. Cuando llegué al lugar, la moto ardía en llamas de más de 7 metros que ya estaban tocando las hojas y ramas de los árboles internos del condominio, plantados cerca de uno de los edificios. Además, la moto estaba muy cerca de un vehículo que podía arder en llamas. Gracias a que siempre he sido “un bombeta” y he participado en las brigadas de emergencia de empresas en las que he trabajado, apliqué lo aprendido, alejé al muchacho de la escena y por dicha pude apagar el incendio. Los bomberos llegaron relativamente rápido pero ya por dicha el fuego estaba controlado.
La moto quedó completamente despedazada, todas sus piezas plásticas calcinadas y el resto del motor inservible. Y ya con el fuego controlado pude constatar que el celular del muchacho también se había sido quemado por completo, junto a la moto.
Unos vecinos y mi persona nos acercamos al muchacho que por dicha no había sufrido lesiones, pero estaba en shock, y desconsolado y en llanto solo atinaba a decir que “había perdido todo lo que tenía en la vida”. Esa moto la acabada de sacar con un préstamo y tanto ésta como su celular eran “su machete para comer”.

Sin su moto y su celular no podría completar su trabajito del dia y el contaba con eso para pasar a comprar la comida de la semana, pagar la luz y el agua. Su novia con quien ella vive y quien lo acompaña siempre a hacer UBER, lo estaba esperando afuera del condominio, y cuando escucho la noticia entró y se fundieron en un abrazo que literalmente me sacó los mocos y las lágrimas. Estaban literalmente EN LA CALLE.
De inmediato organicé una recolecta entre los vecinos del condominio y en cuestión de 4 horas y gracias a la generosidad de muchos logramos recaudar los 250 mil colones que le había costado la moto, y otro vecino muy amablemente le regaló un celular en perfecto estado. Gracias a la generosidad de algunos vecinos, esos muchachos (Ricardo y Jessica) pudieron pasar a comprar comida ayer y esta semana se podrán comprar una moto para volver a su trabajito en Uber para hacerse la vida honradamente.

Pero como todo en la vida, hay frases que a uno lo marcan,… y en medio de toda la conmoción, no se me va a olvidar nunca que mientras Ricardo lloraba, se volvió y me dijo “mi hermano, que pena tengo con ustedes, discúlpeme porque mi moto se quemó dentro del condominio”. ¿Se imaginan? el muchacho, en vez de pensar en la desgracia que le estaba pasando, más bien estaba apenado por lo que había sucedido! Claro, apenas él me dijo eso, yo le contesté con toda la energía que pude: “ vea mi hermano, vergüenza da robar! usted andaba breteando un domingo mientras muchos estamos tirados en la casa haciendo nada!, vergüenza me daría a mi si no logramos ayudarle a usted a recuperar este dinero. Y le juro por mi nombre que yo haré lo necesario para que eso sea así”
Mis respetos y mi admiración para todos los Ricardos y Jessicas que la andan “pulseando” ahí afuera, llevando sol, lluvia y cansancio, a veces en las noches y días feriados, para poder ganarse el diario honradamente. Ustedes son mis héroes!
Les juro que al escribir esta historia aún se me pone la piel de gallina, …si alguien aun quiere apoyarlos, este es su WhatsApp: Ricardo Fallas: 6334-4033.
Y su cuenta BAC: 944556372 o
IBAN CR74010200009445563728,
a nombre de Ricardo Fallas Artavia.


