Lo que debía ser uno de los días más felices para Oksana Poludentseva se convirtió en una pesadilla sin retorno. La mujer de 36 años fue asesinada brutalmente por su esposo Stepan Dolgikh apenas unas horas después de casarse, en medio de los festejos nupciales.
La tragedia ocurrió en Rusia y ha estremecido a la opinión pública internacional por sus escalofriantes circunstancias. La historia entre ambos había comenzado de forma atípica: Oksana conoció a Dolgikh cuando él aún cumplía condena por robo y homicidio. Se comunicaban por cartas, y tras su liberación, retomaron la relación con tal intensidad que ella le pidió matrimonio.
La celebración, lejos de ser un final feliz, terminó en horror. Según testigos, durante la reunión posterior a la ceremonia, Dolgikh se enfureció al ver a su esposa conversar con otro hombre. En un arranque de celos, comenzó a golpearla salvajemente.
“El ataque fue brutal. La sacó de la casa, la agarró por el cabello y continuó golpeándola sin piedad en plena calle, incluso en la cabeza y órganos vitales”, relató Kirill Petrushin, detective del Comité de Investigación ruso. La mujer, madre de una niña, murió poco después a causa de las lesiones.
Lo más alarmante del caso fue la reacción del asesino. No solo no huyó, sino que admitió sin titubear su responsabilidad y no mostró señales de arrepentimiento. Fue detenido en el lugar por la Guardia Nacional rusa.
Los invitados, aunque presenciaron la agresión, no intervinieron directamente por miedo, y se limitaron a contactar a las autoridades. Esta inacción también ha desatado debate en redes sociales y medios internacionales sobre la responsabilidad colectiva ante actos de violencia.
El agresor ya tenía antecedentes por homicidio, y aunque Oksana conocía su pasado, jamás imaginó que podría convertirse en su verdugo. Las autoridades aseguran que estaba bajo los efectos del alcohol cuando cometió el crimen.
Una historia que pone el foco en un problema global
Más allá de lo perturbador del caso, este feminicidio desnuda una realidad que no respeta fronteras: la violencia contra las mujeres dentro de relaciones de pareja, incluso en contextos donde debería prevalecer el amor.
En Costa Rica, casos similares han encendido las alarmas en los últimos años, provocando reformas legales, campañas de prevención y mayor vigilancia de antecedentes penales, especialmente en relaciones sentimentales.


