«El descaro de los asesinos a sueldo en la capital acaba de cruzar un nuevo y aterrador límite. Ya no necesitan motocicletas veloces ni carros polarizados para ejecutar sus mortales encargos y escapar en la noche. Este domingo, el transitado cruce de Sagrada Familia fue el escenario de una ejecución espeluznante: un sicario encapuchado se acercó caminando con total tranquilidad hacia un hombre de 52 años y, sin mediar palabra, le descerrajó una ráfaga de plomo directo a la cabeza. Le desglosamos por qué este sanguinario y audaz modus operandi enciende las máximas alertas del OIJ en los barrios del sur de San José, y los dramáticos momentos que se vivieron en emergencias del San Juan de Dios.»
Las noches en los barrios del sur de San José siguen cobrando una pesada cuota de sangre. La tranquilidad del cierre de fin de semana se hizo pedazos la noche de este domingo cuando el eco de los disparos retumbó en las cercanías del conocido cruce de Sagrada Familia. Allí, un hombre de 52 años, de apellido Fonseca, se convirtió en la nueva víctima mortal de una epidemia de violencia que parece no tener freno en la capital.
El reloj marcaba aproximadamente las 9:15 p.m. cuando se desató el infierno. Según los reportes preliminares recabados por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Fonseca se encontraba en plena vía pública, vulnerable y expuesto, cuando la muerte lo alcanzó a pie.
Análisis Criminológico: El mensaje detrás del «Sicariato Peatonal»
Desde la óptica de la criminología urbana, los detalles de este homicidio revelan un perfil criminal alarmante. El atacante no utilizó un vehículo para sorprender a su objetivo. Las versiones de la escena indican que un sujeto, ocultando su identidad bajo una capucha, llegó caminando hasta donde estaba la víctima.
Este modus operandi de acercamiento peatonal no es casualidad; los expertos en seguridad advierten que demuestra dos cosas gravísimas: un nivel de confianza extremo por parte del asesino y un posible dominio territorial del grupo criminal en la zona, sabiendo que pueden ejecutar a una persona, caminar de vuelta entre las alamedas y esfumarse sin ser delatados.
La saña del ataque también habla por sí sola. El encapuchado no disparó al aire ni al cuerpo para asustar; su objetivo era el exterminio inmediato. El gatillero apuntó directamente a las zonas más letales, impactando a Fonseca con múltiples proyectiles en la cabeza y el rostro, lo que en el argot policial se conoce como asegurar el «tiro de gracia».
Agonía y blindaje en el San Juan de Dios
Tras la ráfaga de disparos y la huida del sicario, la escena se llenó de caos. Las unidades de emergencia lograron estabilizar a Fonseca a duras penas en el asfalto y lo trasladaron en condición sumamente crítica (código rojo) hasta el Hospital San Juan de Dios. A pesar de los esfuerzos médicos en la sala de shock, el daño neurológico y físico provocado por los balazos fue irreversible, siendo declarado fallecido minutos después de su ingreso.
Inmediatamente, la Sección de Inspecciones Oculares y Recolección de Indicios del OIJ tomó el control tanto del centro médico (para el levantamiento del cuerpo) como del cruce en Sagrada Familia. Los peritos barrieron la calle buscando casquillos percutidos, posibles videos de cámaras de seguridad de comercios aledaños y testimonios que permitan rastrear la ruta de escape del letal y silencioso encapuchado.


