El fútbol costarricense atraviesa un momento incómodo fuera de la cancha. En los últimos días, figuras reconocidas del ámbito deportivo encendieron las alarmas al denunciar públicamente presuntas prácticas irregulares que involucrarían a representantes, dirigentes y periodistas, con pagos destinados a influir en la cobertura mediática de jugadores.
Las declaraciones surgieron en distintos espacios de opinión, pero convergen en una misma preocupación: la posible manipulación del discurso periodístico para beneficiar o perjudicar futbolistas, según intereses económicos ajenos al rendimiento deportivo.
Erick Lonis pone el tema sobre la mesa
Uno de los primeros en levantar la voz fue Erick Lonis, exarquero de la Selección Nacional y actual integrante de la dirección deportiva del Deportivo Saprissa. Durante el programa Deporte Más, que él mismo conduce, Lonis aseguró haber detectado dinámicas donde ciertos representantes presuntamente pagan a comunicadores para posicionar jugadores o desacreditar a otros.
Según explicó, estas situaciones se habrían intensificado a raíz de decisiones internas del club que afectaron negocios tradicionales con intermediarios. Lonis afirmó que, en algunos casos, la reacción fue una campaña mediática negativa contra quienes se oponen a esas prácticas, incluyendo señalamientos directos hacia su persona por fichajes realizados sin representantes de por medio.
El dirigente fue enfático en aclarar que no generaliza y que reconoce la labor profesional de la mayoría del gremio periodístico, aunque insistió en que existe un grupo reducido que operaría bajo intereses particulares.
Más voces se suman a la denuncia
Las palabras de Lonis no quedaron aisladas. El periodista Kristian Mora, en un espacio de Tigo Sports, respaldó la gravedad de las acusaciones y aseguró que el problema va más allá de comentarios favorables o críticos: habló incluso de ofrecimientos económicos para guardar silencio o direccionar líneas editoriales.
Mora describió un escenario preocupante, donde algunos sectores del fútbol nacional pretenderían ejercer control no solo sobre equipos y jugadores, sino también sobre medios de comunicación y periodistas. Alertó, además, sobre presiones a propietarios de medios para silenciar o apartar comunicadores incómodos, una práctica que, según dijo, ya habría tenido consecuencias laborales concretas.
Intentos de compra y pérdida de imparcialidad
A estas versiones se sumó el periodista Leonardo Cordero, de Columbia, quien en un audio difundido días atrás relató que él mismo habría sido objeto de un intento de compra para condicionar su trabajo. Cordero aseguró que rechazó cualquier beneficio y defendió la necesidad de mantener distancia absoluta entre la labor periodística y las simpatías personales o intereses de clubes.
Para el comunicador, uno de los principales riesgos actuales es la pérdida de objetividad, alimentada tanto por fanatismos como por incentivos indebidos. En ese contexto, advirtió que normalizar estas conductas podría dañar seriamente la credibilidad del periodismo deportivo costarricense.
Un llamado de atención al entorno del fútbol
Aunque hasta el momento no existen procesos formales ni investigaciones oficiales derivadas de estas denuncias, el tema abrió un debate necesario sobre ética, transparencia y responsabilidad en el ecosistema del fútbol nacional. Las acusaciones no solo ponen en entredicho la relación entre representantes y medios, sino que también invitan a reflexionar sobre los límites entre información, opinión y negocio.
En un país donde el fútbol es parte central de la conversación cotidiana, el reto ahora es evitar que la desconfianza se normalice y reforzar los principios que sostienen tanto la competencia deportiva como el ejercicio periodístico. La pelota, esta vez, está fuera de la cancha.


