El impacto del comercio ilegal de fauna silvestre en Costa Rica volvió a quedar en evidencia con el fallecimiento de uno de los cinco capibaras decomisados en un reciente operativo en Orotina. El animal, un macho joven, no resistió el daño provocado por el maltrato y las pésimas condiciones en las que fue mantenido.
La organización Wildlife Rescue Center Zoo Ave, con sede en Alajuela, confirmó la noticia este lunes. Según explicó la veterinaria Isabel Hagnauer, el capibara tenía su sistema digestivo completamente vacío y presentaba acumulación de gases, un signo claro de que no estaba recibiendo alimento desde hacía días. “Este caso refleja el precio altísimo que pagan los animales cuando caen en manos del tráfico ilegal”, advirtió Hagnauer.
Un rescate con secuelas
La semana pasada, Zoo Ave recibió a los cinco animales después de que autoridades policiales los decomisaran en la ruta 34, conocida como la Costanera Sur. Los animales, también llamados carpinchos, llegaron al centro de rescate visiblemente afectados: algunos estaban deshidratados, otros con un estado nutricional deficiente y uno incluso presentaba una herida en una de sus patas traseras.
Los exámenes de sangre realizados a los ejemplares restantes mostraron alteraciones preocupantes, posiblemente asociadas a enfermedades que contrajeron por su entorno precario. Aunque fueron trasladados a un espacio más amplio y están bajo tratamiento con una dieta adecuada, su recuperación no está garantizada.
Tráfico, drogas y violencia: un combo peligroso
Durante el decomiso, las autoridades detuvieron a dos hombres, apellidados Navarrete y Torres, quienes no solo transportaban a los capibaras, sino que también llevaban 60 dosis de crack, marihuana, espuelas plásticas y armas blancas. Este hallazgo vuelve a poner sobre la mesa la relación entre el crimen organizado y el comercio de vida silvestre, una práctica que no solo atenta contra la biodiversidad, sino que también forma parte de un entramado delictivo más amplio.
Un llamado urgente
La muerte de este capibara no es un caso aislado. Es un reflejo del abandono institucional, la falta de conciencia ciudadana y la impunidad con la que operan quienes lucran con la vida silvestre. En Costa Rica, un país que se enorgullece de su riqueza natural, este tipo de tragedias deberían sacudirnos como sociedad.
Las autoridades recuerdan que tener animales silvestres como mascotas es ilegal y puede acarrear sanciones severas. Pero más allá de las multas, lo que está en juego es la vida de seres que sufren en silencio.


