domingo, 5 julio 2026
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¿Destino o corazonada? Este agüizote llevó a este tico a ganar ¢300 millones en la lotería

Lo que empezó como una simple coincidencia se convirtió en una fortuna para un vecino de San José, quien acaba de cambiar un premio de ¢300 millones tras confiar en un número que, según él, le “habló” durante una actividad social.

El caso, revelado por la Junta de Protección Social (JPS), relata que este hombre, de entre 46 y 50 años, compró el número 87 tras escucharlo repetidamente durante el evento en el que se encontraba. Lo tomó como un agüizote, siguió su intuición y compró el número ganador del sorteo extraordinario de Alfanuméricos. Esa simple acción lo convirtió en el principal ganador del sorteo.

Aunque todavía no ha decidido exactamente qué hará con el dinero, aseguró que lo utilizará de forma responsable, pensando en su futuro y el de su familia.

Pero no fue el único afortunado. La JPS también confirmó que el segundo premio, por ¢40 millones, fue para otro hombre de edad similar, vecino de Cartago, quien compró su número completo a través de la plataforma digital de la institución. En tercer lugar, un adulto mayor de más de 65 años, oriundo de Heredia, se llevó ¢20 millones con otro entero.

Más que suerte: un acto solidario

Para Esmeralda Britton González, presidenta de la JPS, estas historias no solo reflejan la alegría de quienes resultan ganadores, sino también el impacto social que tiene cada boleto vendido.

“La lotería no solo cambia vidas a través del premio económico, también transforma la realidad de miles de costarricenses que se benefician indirectamente. Cada boleto vendido representa una ambulancia nueva, un microbús para personas con discapacidad o equipo médico que llega a hospitales públicos del país”, destacó Britton.

Estos sorteos extraordinarios, además de generar esperanza y emoción en los participantes, ayudan a financiar cientos de organizaciones sociales, lo cual convierte cada premio en una cadena de solidaridad a nivel nacional.

En Costa Rica, los agüizotes siguen vivos, pero más allá de la superstición, el verdadero premio está en el impacto que generan estos recursos. Así, tanto los ganadores como quienes reciben los beneficios sociales terminan celebrando.

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