Por segunda vez en esta temporada, la montaña más alta del planeta le cerró la puerta al costarricense Daniel Vargas. A solo 950 metros de la cima del monte Everest, una fuerte tormenta lo obligó a abandonar su intento final por coronar los 8.848,86 metros de altura.
Vargas había logrado llegar hasta el campamento 4, ubicado a unos 7.900 metros sobre el nivel del mar. Desde ahí, se preparaba para su asalto definitivo a la cumbre. Pero las condiciones meteorológicas dieron un giro radical. En cuestión de horas, la famosa “ventana de buen clima” se cerró abruptamente, dejándole claro a su equipo que no había otra opción más que descender.
“La montaña no quiso, se cerró la ventana y ya no hay más oportunidad”, informaron desde su cuenta oficial en Instagram, donde han mantenido a los seguidores al tanto mediante mensajes enviados con tecnología satelital desde un dispositivo Garmin.
Este era el segundo y último intento que tenía Vargas para lograr el ascenso. El primero, realizado el pasado 11 de mayo, fue interrumpido por un sismo en la zona y una posterior avalancha que obligó al grupo a retirarse desde el campamento 2.
Aunque no logró alcanzar la cumbre, Daniel forma parte del reducido grupo de ticos que ha desafiado seriamente al Everest. Su intento no fue en vano: llegar al campamento 4 ya es considerado una hazaña de alto nivel en el mundo del alpinismo.
Vargas ahora emprenderá el largo regreso hacia Katmandú, la capital de Nepal, desde donde volará de vuelta a Costa Rica. Su nombre se suma al legado de montañistas nacionales que, con coraje y determinación, han intentado tocar el techo del mundo. Hasta el momento, solo dos costarricenses han logrado ese objetivo: Warner Rojas (en 2012) y Ligia Madrigal (en 2023).
Este intento fallido no representa una derrota, sino una muestra del respeto que impone la montaña. En palabras de los mismos montañistas: “uno no conquista el Everest, él decide si te deja pasar”.


