El camino hacia la Casa de Nariño se está pavimentando con miedo y amenazas de altísimo calibre. A miles de kilómetros de Tiquicia, el clima electoral en Colombia alcanzó este fin de semana un punto de ebullición crítico que obligó al gobierno a encender todas las sirenas de emergencia. Paloma Valencia, senadora de 48 años y actual candidata presidencial por el partido de derecha Centro Democrático, se convirtió en el nuevo blanco de una guerra psicológica que amenaza con teñir de sangre los comicios del próximo 31 de mayo.
La alerta máxima se detonó luego de que la propia aspirante, quien actualmente marcha tercera en la intención de voto general, denunciara la circulación de una escalofriante imagen en redes sociales. En la composición gráfica, el rostro de Valencia aparece enmarcado junto a un lapidario epitafio: “Descanse en paz”.
Análisis Político: El fantasma de Miguel Uribe y la sombra guerrillera
Desde la perspectiva del análisis sociopolítico regional, esta amenaza no puede ser catalogada como un simple exabrupto de «trolls» de internet. En Colombia, estas sentencias suelen cumplirse con letal precisión. El Centro Democrático y la propia Valencia cargan a cuestas con una herida que aún supura: el brutal asesinato del senador Miguel Uribe el año pasado.
Uribe no era solo un colega cercano a Valencia; era la figura predilecta para asumir esta misma candidatura presidencial y buscar suceder al actual mandatario izquierdista, Gustavo Petro. Los informes de inteligencia de la época y las sospechas de los analistas apuntaron directamente a una disidencia de las FARC como la presunta autora intelectual y material de ese atentado a tiros en las calles de Bogotá. Para el electorado opositor, el mensaje de este fin de semana hacia Valencia es una clara advertencia de que la cacería de sus líderes no ha terminado.
La reacción del gobierno y el colapso de la «Paz Total»
Ante la gravedad del asunto, el Ministerio del Interior no tuvo más remedio que salir al paso. Armando Benedetti, jerarca de la cartera, utilizó la red social X para confirmar que el Estado ya activó los protocolos máximos de seguridad y que «las autoridades están actuando para esclarecer los hechos y reforzar la protección» de la senadora.
Sin embargo, las críticas hacia la administración de Gustavo Petro son feroces. La candidata amenazada fue tajante al señalar que este hostigamiento evidencia un «deterioro preocupante del ambiente democrático». Y los datos respaldan su temor: los expertos en seguridad coinciden en que Colombia atraviesa su peor pico de violencia sistemática desde la histórica firma de los acuerdos de paz en 2016.
El análisis de fondo refleja el fracaso de la ambiciosa estrategia de negociación del actual gobierno. A pesar de los múltiples intentos del presidente Petro por sentar en la mesa a diversas facciones y buscar una paz integral, los grupos armados irregulares han aprovechado la coyuntura para oxigenarse, fortalecer sus anillos de poder y recuperar control territorial.
Con un Iván Cepeda (dirigente del oficialismo) liderando cómodamente las encuestas, la oposición colombiana se ve obligada a hacer campaña no solo buscando los votos indecisos, sino literalmente esquivando las balas. La democracia cafetera entra a su recta final caminando sobre un campo minado, donde el derecho a ser oposición se paga con la vida misma.


