jueves, 9 julio 2026
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Un fósil excepcional de 125 millones de años revela detalles nunca vistos en dinosaurios

Un hallazgo paleontológico en el noreste de China está reescribiendo parte de la historia evolutiva de los dinosaurios. Científicos internacionales identificaron los restos de un iguanodonte con un nivel de conservación tan extraordinario que permitió estudiar no solo sus huesos, sino también extensas áreas de piel y estructuras cutáneas jamás documentadas con este detalle en el registro fósil.

La investigación, liderada por paleontólogos vinculados al Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia y publicada en la revista Nature Ecology & Evolution, se centra en un esqueleto casi completo con una antigüedad estimada en 125 millones de años. El nuevo dinosaurio fue nombrado Haolong dongi, en reconocimiento al influyente paleontólogo chino Dong Zhiming.

Lo que hace único a este fósil no es únicamente su estado general de preservación, sino la presencia de tejidos blandos fosilizados a nivel microscópico, una rareza extrema en paleontología. Según los investigadores, amplias zonas del cuerpo conservan la piel original, incluyendo escamas de distintos tamaños y texturas, algo que rara vez sobrevive al paso del tiempo geológico.

El análisis detallado del tegumento reveló un patrón complejo: grandes escamas superpuestas a lo largo de la cola y escamas más pequeñas y tuberculadas alrededor del cuello y el tórax. Sin embargo, el verdadero asombro llegó al detectar, entre esas escamas, un sistema de espinas cutáneas huecas, una estructura nunca antes descrita en dinosaurios.

Para confirmar este hallazgo, el equipo utilizó escaneos avanzados de rayos X y cortes histológicos de alta resolución. Los resultados mostraron que las espinas estaban formadas por un estrato córneo que cubría una epidermis sorprendentemente bien preservada, con queratinocitos visibles incluso a nivel de núcleos celulares. Este grado de conservación es considerado excepcional, incluso para los estándares más optimistas del registro fósil.

Los científicos señalan que estas espinas no se asemejan ni a las protoplumas de algunos dinosaurios no aviares ni a las escamas espinosas de reptiles actuales, lo que apunta a un origen evolutivo distinto. En otras palabras, Haolong dongi desarrolló una solución propia, hasta ahora desconocida, para enfrentar los desafíos de su entorno.

En cuanto a su función, la principal hipótesis es defensiva. El ejemplar estudiado corresponde a un individuo juvenil, más vulnerable frente a depredadores. Las espinas podrían haber actuado como un mecanismo disuasivo similar al de los puercoespines modernos. No obstante, los investigadores no descartan que también cumplieran roles secundarios relacionados con la termorregulación o la percepción sensorial.

El hecho de que el fósil pertenezca a un dinosaurio joven abre nuevas preguntas. Aún no está claro si los adultos de esta especie conservaban las espinas o si estas desaparecían con el crecimiento. Esta incertidumbre refuerza una idea clave del estudio: muchas innovaciones anatómicas podrían haber pasado desapercibidas simplemente porque la piel casi nunca se preserva en los fósiles.

¿Quiénes eran los iguanodontes?

Los iguanodontes formaron parte de un exitoso grupo de dinosaurios herbívoros conocidos como ornitópodos, caracterizados por su “cadera de ave”. Dominaron diversos ecosistemas durante el Cretácico temprano, entre hace unos 140 y 110 millones de años, y se distribuyeron por Europa, Asia, Norteamérica y África.

Su nombre proviene de Iguanodon, uno de los primeros dinosaurios descritos científicamente en el siglo XIX, cuyos dientes recordaban a los de una iguana actual. Ese descubrimiento fue clave para que la ciencia comenzara a comprender la existencia de reptiles gigantes extintos.

En términos generales, los iguanodontes tenían cuerpos robustos, picos adaptados para cortar vegetación y complejas baterías dentales para triturar plantas. Podían desplazarse tanto en dos patas como en cuatro, según la actividad que realizaban. Uno de sus rasgos más conocidos es el pulgar en forma de espina, que probablemente utilizaban para defenderse o manipular alimento.

El hallazgo de Haolong dongi no solo aporta una nueva especie al árbol evolutivo, sino que demuestra que todavía hay mucho por descubrir sobre la apariencia real de los dinosaurios. En este caso, la piel —ese detalle casi siempre perdido— se convirtió en la clave para entender una adaptación que permaneció oculta durante más de 125 millones de años.

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