miércoles, 8 julio 2026
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Si le duelen las rodillas, esta podría ser la actividad más recomendada después de los 65

El dolor de rodillas se ha convertido en una de las molestias más comunes en la vida adulta, especialmente a partir de los 60 años. El desgaste progresivo del cartílago, la pérdida de masa muscular y la disminución de la elasticidad en tendones y ligamentos terminan pasando factura. Acciones tan simples como subir gradas, caminar varias cuadras o permanecer mucho tiempo de pie pueden volverse incómodas.

Ante ese panorama, muchas personas optan por reducir su actividad física. Sin embargo, la inactividad suele empeorar el cuadro: aumenta la rigidez, debilita los músculos que sostienen la articulación y puede intensificar el dolor a largo plazo.

La clave, coinciden especialistas en salud y rehabilitación, no es dejar de moverse, sino elegir mejor cómo hacerlo.

La alternativa que gana terreno

Aunque disciplinas como la natación, el pilates o el ciclismo suelen recomendarse por su bajo impacto, no siempre resultan accesibles para todas las personas, ya sea por limitaciones físicas, costos o disponibilidad.

En ese contexto, el yoga aparece como una opción especialmente indicada para adultos mayores con molestias articulares. Se trata de una práctica adaptable, progresiva y centrada en movimientos suaves, lo que permite fortalecer el cuerpo sin someter las rodillas a cargas excesivas.

A diferencia de ejercicios de impacto, el yoga trabaja con el propio peso corporal y prioriza el control, la respiración y la conciencia del movimiento. Además, puede practicarse de pie, en el suelo o incluso en silla, según las necesidades individuales.

¿Por qué ayuda a las rodillas?

Entre los principales beneficios que destacan los profesionales se encuentran:

  • Mayor lubricación articular: los estiramientos suaves favorecen la circulación y ayudan a reducir la rigidez, especialmente después de periodos de reposo.
  • Fortalecimiento progresivo: al trabajar la musculatura de muslos, caderas y zona lumbar, se mejora la estabilidad de la rodilla sin generar microtraumatismos.
  • Mejor equilibrio: muchas posturas estimulan la propiocepción, lo que reduce el riesgo de caídas.
  • Disminución de la tensión muscular: al relajar grupos musculares sobrecargados, puede disminuir la percepción del dolor.
  • Estimulación cardiovascular moderada: las secuencias lentas activan la circulación sin exigir esfuerzos intensos.

Otro punto a favor es su versatilidad. Existen modalidades como el yoga suave, restaurativo o en silla, diseñadas específicamente para personas con movilidad reducida o dolor persistente.

Movimiento consciente, no exigencia extrema

Expertos advierten que el objetivo no es forzar posturas ni alcanzar niveles avanzados, sino mantener una práctica constante y adaptada. Iniciar con sesiones cortas, utilizar accesorios de apoyo y contar con orientación profesional puede marcar la diferencia.

En definitiva, cuando las rodillas comienzan a limitar la rutina diaria, el desafío no es abandonar la actividad física, sino transformarla. El yoga, con su enfoque gradual y respetuoso del cuerpo, se consolida como una alternativa segura para mantenerse activo, mejorar la movilidad y cuidar las articulaciones a largo plazo.

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