Washington afirma que La Habana controlaba seguridad, recursos y poder político en Caracas
El Departamento de Estado de los Estados Unidos reveló una evaluación contundente sobre la relación entre Cuba y Venezuela, al asegurar que La Habana ejerció durante años un control directo sobre el aparato de poder venezolano, en lo que calificó como un proceso de “colonización política y de seguridad”.
Según Washington, este esquema quedó expuesto tras la captura de Nicolás Maduro, hecho que permitió confirmar el nivel de penetración cubana en las estructuras del Estado venezolano.
Seguridad presidencial bajo control cubano
El subsecretario de Estado Jeremy P. Lewin afirmó que durante la operación en el Palacio de Miraflores se localizaron agentes de seguridad cubanos custodiando directamente al mandatario, un hallazgo que, para EE. UU., constituye la evidencia más clara de que Venezuela operaba como un estado cliente de La Habana.
Desde la perspectiva estadounidense, la soberanía venezolana fue cedida a cambio de asesoría en represión, inteligencia y control social, con el objetivo de garantizar la permanencia del chavismo en el poder.
Petróleo como moneda de cambio
Washington sostiene que el envío constante de petróleo venezolano hacia Cuba no respondía a un intercambio comercial legítimo. Por el contrario, lo define como un “pago por protección”, mediante el cual Caracas financiaba el aparato de control del régimen cubano a cambio de respaldo político y operativo.
De acuerdo con esta versión, el crudo permitió a la élite cubana sostener su estructura interna, mientras utilizaba parte de esos recursos para desplegar personal de inteligencia y seguridad en territorio venezolano, blindando al régimen frente a amenazas internas y externas.
Misiones médicas bajo la lupa
Otro de los ejes señalados por Estados Unidos es el uso de las misiones médicas cubanas en Venezuela. La administración estadounidense denunció que estos programas funcionaron como mecanismos de trabajo forzado, donde profesionales eran enviados al extranjero, despojados de pasaportes y salarios, y utilizados como fachada social de una presencia política y militar más profunda.
Según esta lectura, los médicos se convirtieron en otra pieza del modelo de “servicios por petróleo”, mientras las necesidades reales de las poblaciones cubana y venezolana quedaban relegadas.
El fin de un ecosistema de dependencia
Para EE. UU., la caída de Maduro marca el colapso de un sistema de dependencia mutua entre ambos regímenes. Al interrumpirse el flujo petrolero y desmontarse la estructura de apoyo cubano en Caracas, Washington considera que queda al descubierto la fragilidad económica del modelo castrista sin subsidios externos.
El mensaje, según Lewin, trasciende el caso venezolano: se trata de una advertencia directa a otros gobiernos autoritarios del hemisferio que, bajo el amparo cubano, habrían sostenido esquemas similares de control político.
Un mensaje geopolítico regional
La administración estadounidense interpreta este episodio como un punto de inflexión en la región. Asegura que la estrategia busca desmantelar redes de influencia extranjera, reafirmar el equilibrio de poder continental y presionar por transiciones políticas que devuelvan soberanía institucional a los países afectados.
Con la desaparición del respaldo venezolano a Cuba y el aumento de la presión internacional, EE. UU. apuesta a un escenario de cambio profundo en el Caribe y Sudamérica, convencido de que el modelo de alianzas autoritarias ha llegado a su límite.
La lectura oficial es clara: lo ocurrido en Venezuela no fue una excepción, sino el colapso visible de un esquema que, durante años, operó en las sombras del poder regional.


